De los comentarios referidos a la columna publicada en este espacio hace dos semanas extraje las siguientes lecciones:
Uno. De poco sirve conocer los hechos y transmitirlos si la gente se rehúsa a creerlos. No basta con estar en lo correcto; se necesita, además, aparentarlo de manera convincente –norma básica que con demasiada frecuencia cometo el error de omitir.
Dos. Por restarle importancia al poderoso reinado de las apariencias me expuse a ser llamado chismoso, a que se asociaran mis métodos con los rastreros dislates de un tal Jorge Palmieri, a que se me comparara con la ligereza ‘investigativa’ de Sylvia Gereda y Pedro Trujillo…
… No obstante, los hechos referidos permanecen inalterables y siguen estando ahí para cualquiera que, con todo su derecho a dudar, por sí mismo desee confirmarlos.
Tres. Expuse entonces –y sostengo ahora– que Calvbrunnen dejó de venderle Nutella a Luna de miel por presiones de Café Saúl. Dije que cuento con tres fuentes confiables cuyos nombres elijo omitir y sigo en mis trece: no estoy dispuesto a pisotear la confianza que me tuvieron.
Lo que no dije es que, además de esas tres pruebas testimoniales, cuento con una evidencia material que prefiero dejar como reserva para defenderme con ella en caso a alguien se le ocurriera demandarme por calumnia.
Cuatro. Seguiré denunciando la hipocresía y la impunidad (en defensa del derecho a la libertad –de competencia, en este caso) vengan de donde vengan, así resulte viéndose expuesta la ralea de ciertas personas que han sabido labrarse una imagen cuya distinción no se corresponde con sus acciones concretas.
>lacajaboba@gmail.com
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