Las cosas han cambiado mucho. Los matrimonios morganáticos se suceden uno tras otro pero la revista Hola no les presta atención porque insiste en seguir viva durante mucho tiempo. Hasta el momento no se sabe cuántas personas han sido despedidas de su plantilla, o si no han sido despedidas. Secretos, secretos. Lo que no es secreto es el número de millones de españoles que están en paro, es decir, sin trabajo.
Y los medios ibéricos no se tientan el alma para resaltar que miles de familias completas están sin empleo. Es decir, la pobreza extrema ha alcanzado a nuestros antiguos conquistadores, con lo cual pasan a ser un poco como nosotros, que hemos convivido con la penuria durante siglos. Pero no es esta una columna para regocijarme por las penas de los españoles ni de ningún habitante que pasa hambre en el mundo mientras que los que ya sabemos y son responsables del “desarrollo” global ven a los pobres como cucarachas y querrían aplastarlas.
La única razón por la cual no lo hacen es porque de la casi extinta clase media hacia abajo,
nosotros somos quienes hacemos para ellos los trabajos que les parecen sucios y repelentes,
pero que son los que les han llenado de oro las arcas.
En fin, no es de este tema tan infame —ricos y pobres— del que quiero hablar. Más bien la historia empieza con una escenas de televisión donde aparece su majestad, el rey de España, sostenido apenas por unas muletas y por personas de su séquito, mientras una voz en off explica que el rey se quebró algunos huesos mientas estaba en África cazando rinocerontes, o leones o elefantes.
La alusión a lo morganático tiene que ver con la princesa Letizia y el hijo del rey, su esposo. Él de sangre real, ella con tinta de imprenta o retazos de teleprompter en las venas. Como es una mujer contemporánea, Letizia no dejó pasar mucho tiempo sin volverse medio anoréxica y por si fuera poco, se desprendió de una parte de su nariz.
Las infantas por su parte, parece que han tenido muy mala suerte con sus cónyuges. Al menos Urdangarín aceptó ser culpable de corrupción.
La reina, que yo sepa, mantiene una de las sonrisas más falsas que conozco. Eso, quizá por las aventuras de caza del rey, de quien esta vez sí se supo que andaba con su amante actual, una mujer a la que le lleva casi 50 años de diferencia.
A los jóvenes no les importa mucho el rey ni la reina ni ninguno de esos adornos de verbena. Lo que quieren es trabajo y que las autoridades españolas no acepten las condiciones que han impuesto los dueños de la Unión Europea.
Por otras parte, en aquellos lugares del mundo donde hay islámicos extremistas, hace años que rueda la romántica idea de la reconquista. No aquella de los reyes católicos que terminó con ¿el descubrimiento? de América, sino la reconquista de Al Andalus.
Al Andalus fue el territorio de la península ibérica y de la Septimania, una provincia romana, ocupación que se extendió bajo el poder musulmán durante la Edad Media ente los años 711 y 1492.
Dentro de medio siglo o quizá antes se sabrá si España —hubo un político guatemalteco idiota que en un discurso oficial y en presencia de sus majestades, creo, habló sin avergonzarse de la República Española— continúa siendo un reino donde en pleno siglo veinte y con millones de súbditos sin trabajo, el soberano se quiebra hasta las muelas por andar gastando millares de euros para cazar animales que no le han hecho daño alguno, o si los musulmanes habrán conquistado buena parte del mundo, como suele predecir Obama cada vez que quiere taparle el ojo al macho.
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