Múltiples son los aportes que dan las mujeres a través de sus trabajos dentro y fuera de casa.
Notas periodísticas y artículos de opinión en los últimos días han dado cuenta de una realidad descubierta por funcionarios gubernamentales y ciudadanos, quienes observaron de cerca cómo se concreta la pobreza en diferentes comunidades rurales. Estas personas sorprendidas merecen un nuevo asombro: esa situación tan obvia ha sido descrita de manera reiterada en análisis y estadísticas, en investigaciones y reportajes, a nivel oral por mujeres y hombres que sufren en carne propia tantas carencias. A la gente ahora sensibilizada por convivir con familias pobres, le haría bien recapacitar porqué ha ignorado durante tanto tiempo esas realidades.
Además de las manifestaciones tan lacerantes de la pobreza, hay que reflexionar porqué existe la miseria, la desnutrición, la falta de escuelas, la ausencia de servicios públicos –todo aquello que vive cotidianamente la población excluida– en tanto no aparece por generación espontánea. Estas injusticias sociales son resultado del modelo económico implantado en Guatemala, cuya característica principal es alentar la concentración de la riqueza. Vivir en el campo o estar alejado de la “modernización” no lleva implícita la pobreza, sino que esta tiene otras causas como la voracidad de empresarios e inversionistas, quienes pagan salarios de hambre, no cumplen con las prestaciones laborales, ofrecen empleos insalubres y temporales; además por el libertinaje de funcionarios públicos quienes han malversado fondos, le han sacado jugo a sus cargos y para congraciarse con los sectores con poder económico nunca han dudado en otorgarles privilegios.
Otra realidad no visible es aquella que se refiere a todos los trabajos que las mujeres realizan. Les invito a pensar en todas las tareas que hacen a nivel comunitario: van a reuniones de vecinos, gestionan la introducción de agua o un camino, limpian calles y escuelas, aportan esfuerzos en colectas y otras actividades, participan en cursos o en consejos de desarrollo, etcétera. Con respecto a los quehaceres en la casa, la lista es interminable, pero lo que interesa destacar es que esas tareas nunca acaban, por el contrario se incrementan, por ejemplo ellas asumen el cuidado de personas ancianas y enfermas. A todo ello, hay que agregar otras multiactividades de las que obtienen ingresos, los cuales fundamentalmente utilizan para comida y estudio de sus hijas e hijos.
A propósito del Primero de Mayo, cabe destacar una demanda de las trabajadoras agrícolas, quienes exigen la modificación del Artículo 139 del Código de Trabajo a fin de suprimir la categoría de “coadyuvantes” de un “jefe de familia”, ya que esa definición las discrimina porque les niega su condición de sujeto de derechos. Hasta cuándo habrá cambios en la ley a favor de quienes laboran y no de la parte patronal…
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