La amnistía, institución jurídica que impide la persecución de los delitos, es, sin lugar a duda, una institución ingrata. ¿Se imagina usted, pariente de las víctimas? ¿Cómo puede sentirse la madre del hijo asesinado? ¿Ni siquiera, justicia? La amnistía se hizo necesaria, sin embargo, para que la paz fuera posible. Al menos así lo consideraron quienes llegaron a pactarla. Tal el origen de la Ley de Reconciliación Nacional, amnistía surgida de los Acuerdos de Paz y elevada a ley de la República.
Las leyes, amigo lector, se hacen para ser cumplidas y, si no se cumplen ¿Para qué las leyes?
La tragedia ocurrida en la Embajada de España comprende múltiples delitos, desde el secuestro sufrido por las personas inocentes tomadas de rehenes, hasta el asesinato de Gregorio Xuyá. Es obvio que si no hubiesen intervenido las fuerzas de autoridad, no hubiera ocurrido la tragedia, tan obvio, como que tampoco hubiese ocurrido, sin la ocupación y toma de rehenes.
¿Se perpetraron delitos en la tragedia de la Embajada de España? ¡Claro que se perpetraron y algunos de ellos presuponen, necesariamente, autoría intelectual! ¿Qué duda cabe? Sin embargo, me temo que todos los delitos perpetrados encajan en los supuestos contemplados por la Ley de Reconciliación Nacional y, en consecuencia, al menos entre nosotros, ya no pueden perseguirse.
¿Ingrata la decisión del legislador? ¡Claro que ingrata pero, nos guste o no, se estimó necesaria y es ley de la República!
Los crímenes ocurridos con ocasión de la guerra civil española fueron objeto de amnistía por idénticas razones: La misma ingratitud ¡Qué mayor ingratitud que dejar sin castigo a criminales? pero, a la vez, la misma necesidad, imposible la convivencia actual, sin la amnistía.
Quienes piden justicia en el caso de la Embajada de España ¿Cómo no pedirla? merecen nuestra más absoluta comprensión pero la amnistía pactada impide que los delitos pudieran perseguirse.
O se persigue a todos, o a ninguno y la persecución de delitos que fueron objeto de amnistía no puede considerarse sino un inaceptable atropello de la ley.
¿Ingrato? Ingrato, pero ese fue el costo –pactado– de la paz.
Quedaron fuera de la amnistía –única y exclusivamente– los delitos de lesa humanidad, delitos que se encuentran sujetos –nos guste o no– a una tipificación estricta, tipificación en que –lamentablemente– no encaja lo ocurrido.
La ley, es la ley y, la ley, debe cumplirse.
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