En Guatemala no somos ajenos a las posiciones sectarias.
Las crisis económicas y sociales son caldos de cultivo para el resurgimiento de los extremismos (ideológicos, políticos, religiosos, etcétera), que propugnan por la instauración de regímenes autoritarios o totalitarios, en sustitución de democracias que, a juicio de los individuos y grupos sectarios, no están dando respuesta a las urgentes demandas de la población.
La aguda crisis financiera mundial de finales de la década pasada, que exigió la intervención estatal a base de ilimitados “estímulos”, contaminó a la economía productiva, lo que se traduce en desinversión, retraimiento del consumo, desempleo y empobrecimiento.
En la zona euro, por ejemplo, ha entrado en crisis la “sociedad del bienestar”, toda vez que los gobiernos, a raíz de los abultados déficits fiscales y del incontrolable endeudamiento, se han visto obligados a recortar el gasto público, decretar nuevos impuestos, imponer la disciplina fiscal y el equilibrio presupuestario, así como afectar programas sociales clave. Esto ha provocado una auténtica “rebelión contra la austeridad”. Protestas y movilizaciones masivas han hecho acto de presencia. Los grupos de descontentos autodenominados “indignados” se replican en distintos países europeos, incluso en EE.UU.
La crisis también ha desatado la propensión a buscar culpables, a la adopción de posiciones intolerantes, la xenofobia y la discriminación. Se han venido fortaleciendo los partidos o agrupaciones que hacen acopio del extremismo político, ideológico, religioso, étnico, etcétera. En Francia, los movimientos ultraderechista y ultraizquierdista han vuelto a ser importantes fuerzas políticas, en Alemania los neonazis ganan adeptos y en España la sombra del franquismo comienza a inquietar.
No obstante, los extremismos no son exclusivos de la zona euro. Las políticas antiinmigrantes en EE.UU., convalidadas por las cortes de justicia, los fundamentalismos religiosos en Asia y África, así como la polarización política en América Latina derivada de la dualidad excluyente e irreconciliable “neoliberalismo” y “neopopulismo”, son indicativos de que los extremismos, con su cauda de intolerancia, intransigencia y despotismo, avanzan en detrimento de la democracia, de la libertad y del Derecho. ¡Preocupante!
En Guatemala no somos ajenos a las posiciones sectarias. Si bien la democracia implica competencia, debate, divergencia, descuerdo y disputa (y no necesariamente consenso y negociación), esto no significa considerar enemigo al adversario, destruir al disidente o guerra sin cuartel contra el diferente.
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