El derecho de la libre expresión para empujar agendas particulares.
Guatemala como espacio social ha sido definido por múltiples fracturas: las que dejaron las huestes españolas, la independencia elitista de los criollos, las que profundizaron los liberales con la instalación de la servidumbre por deudas, hasta las que agravó el conflicto armado con su política estatal de genocidio. Para desdicha nacional, ninguna de las heridas ha sido sanada, apenas en momentos recientes ha habido intentos por atenderlas.
En medio de esta compleja realidad histórica, el trabajo de repensar y reconstruir esta sociedad política –que posee 24 sociedades lingüísticas no reconocidas en la Constitución– es un trabajo que pasa por los pueblos e instituciones que la componen. Dentro de estas, la prensa, como el cuarto poder, juega un papel esencial, porque no solo informa sobre acciones individuales o colectivas, públicas o privadas, sino porque crea significados que definen la acción social presente. La prensa retrata por medio de noticias, crónicas, entrevistas, reportajes o investigaciones el accionar de personas y comunidades en momentos concretos.
Informar sobre “la vida de los otros” es una delicada responsabilidad en un país multicultural, que ha vivido en constante confrontación. Por eso, la prensa nacional que se asume independiente, en cualquiera de sus canales, debe de usar el derecho a la libre expresión no para difamar, condenar, destruir o empujar agendas con intereses particulares, porque entonces deja de ser objetiva, sino para esforzarse por documentar la compleja memoria social que busque por los medios posibles, que todas las fuentes y actores inmiscuidos en un hecho sean consultados y publicados en condición de igualdad.
Por lo anterior, aquí presenté algunos argumentos que evidencian que el “reportaje investigativo”, “Cooperación internacional financia grupos al margen de la ley”, de Sylvia Gereda y Pedro Trujillo, evitó consultar fuentes claves para crear la imagen del “indio terrorista y ladrón que debe ser castigado”. Por lo peligroso de las implicaciones de los términos “terrorista y ladrón” para personas, comunidades e instituciones, este caso debe ser debatido y analizado en escuelas de periodismo, pero sobre todo en medios de comunicación.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
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