Un paso medular para el progreso de los países.
Una mejora sustantiva en la educación contribuye tanto al bienestar de las personas como a que los países alcancen un desarrollo económico y social. Por ello, es importante monitorear los logros de nuestros sistemas educativos. En el 2009 varios países latinoamericanos participaron en el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), cuyos resultados denotaron que un alto porcentaje de los escolares de la región tuvo un desempeño insatisfactorio en todas las materias. Los datos indican que los estudiantes presentaron dificultades en destrezas y habilidades lectoras, tales como las involucradas para inferir información básica, comprender la idea principal de un texto y establecer relaciones entre conceptos. Asimismo, muchos obtuvieron resultados pobres en el área de matemática, lo cual también provoca dudas sobre la efectividad de las escuelas para el desarrollo de la capacidad para representar datos gráficamente y utilizar fórmulas, algoritmos y procedimientos, entre otras competencias.
La participación de los países en ejercicios como este es de gran valor, pues permite trascender las mediciones nacionales, someterse a un proceso externo de escrutinio, fijar parámetros y estándares comunes y contrastar el desempeño local con el de otras naciones. Como señala Pedro Ravela en una reciente sinopsis educativa difundida por PREAL, en referencia al Programa PISA, el propósito del ejercicio no debe ser el de lucir mejor en la comparación, sino el de mejorar la experiencia de aprendizaje en las aulas. Al fin de cuentas, lo que se busca es que los estudiantes desarrollen las competencias esperadas. En este sentido, lo más valioso de la participación comienza cuando los países buscan cómo aprovechar los resultados para mejorar. Para ello, es necesario que todos los involucrados comprendan de qué se trata el ejercicio, qué enfoque aporta en cuanto a la lectura, la matemática y la cultura científica, así como reflexionen sobre estrategias para enriquecer sus modelos pedagógicos. Más que la culminación de los estudios, la calidad y pertinencia de la formación adquirida es la que determina nuestra participación en la vida familiar, ciudadana, laboral y democrática. Las competencias desarrolladas y las actitudes cultivadas en la Escuela marcan el futuro de las personas y contribuyen a la competitividad de las naciones. Por ello, la evaluación es toral para fortalecer la eficacia de las escuelas.
(*) Estudiante UVG
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