El 26 de abril de 1998 fue asesinado, con ensañamiento brutal, premeditación, alevosía y ventaja, el prelado de la Iglesia católica, monseñor Juan José Gerardi Conedera, casualmente 2 días después de que este oficialmente divulgó el controversial informe Rehmi. Es decir que han trascurrido 14 largos años desde que se produjo aquel cobarde y cruel hecho de sangre, que marcó a una generación y nuevamente avergonzó a nuestro país ante las naciones civilizadas del planeta.
Mucha agua ha corrido bajo el puente desde aquel fatídico día. No obstante, el crimen de monseñor Gerardi no ha sido plenamente esclarecido, ni todos los responsables han sido debidamente juzgados y condenados.
Al igual que otros asesinatos –como los de Mirna Mack, Moisés Cisneros y Edgar Alfredo Ordóñez Porta, entre otros– fue perpetrado por cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad, que están vinculados al Estado paralelo, ostentan licencia para matar y actúan impunemente en Guatemala.
La justicia oficial ha dejado mucho que desear en el esclarecimiento del asesinato de monseñor Gerardi, como en otros casos paradigmáticos del mismo corte. Esto ha permitido que, desde un inicio, se haya sembrado la desinformación para favorecer la impunidad que, en alguna medida, ha tenido éxito ya que ha logrado desorientar, confundir y desconcertar a muchos. Sin embargo, confiamos en que entre el cielo y la tierra no hay nada oculto, así como en que tarde o temprano la verdad verdadera brillará.
De cualquier manera, la población guatemalteca y la comunidad internacional esperan, con ansia, que el referido crimen se esclarezca plenamente y que todo el peso de la ley penal caiga sobre los responsables. Lo anterior sin perjuicio de que la mejor manera de honrar la memoria y la sangre del mártir es haciendo justicia. La impunidad es escarnio y burla, mientras que la justicia es consuelo y alivio.
Finalmente, reiteramos nuestra enérgica petición a las autoridades guatemaltecas para que no descansen en tanto no se haya condenado y encarcelado a todos los autores intelectuales y materiales, cómplices y encubridores, del asesinato de monseñor Gerardi. Y rogamos a Dios, nuestro Señor, para que ilumine a los magistrados, jueces, fiscales e investigadores que están interviniendo o intervendrán en el esclarecimiento de este infausto crimen.
¡Que se haga justicia aunque se caigan los cielos!
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