El Gobierno anterior nos sacudió con su tendencia al derroche en licores finos, así como a los viajes en avión privado, por la incongruencia con la realidad nacional y las malas interpretaciones que provocaron esos “jalones” aéreos a la cuenta de poderes paralelos. Tales aficiones a la buena vida, en un país como el nuestro, es equivalente al rey de España cazando elefantes. Pero el escándalo en el ocaso del expresidente Colom duró poco, porque ya se iba, pero las nuevas autoridades aprendieron que se podía hacer de todo porque el enojo público pasa rápido, porque es cosa de aguantar poniendo cara dura y dando explicaciones burdas, y así, en lugar de acogerse a la austeridad demandada, los nuevos están siguiendo el mal ejemplo, y en sus albores ya derrochan recursos en viajecitos, y se les ha pegado la maña de beber mucho, porque la cuenta de licores es muy visible, mientras el pueblo que paga se mantiene sobrio a la fuerza, y a ello se suma la novedad de tener ahora que financiar también los caprichos femeninos de la segunda dama de a bordo, quien no solo derrocha en licores finos sino incluye su afición por los perfumes, chocolates y collares. ¿Qué les pasa? ¿Por qué no aprenden? El antiguo mandatario no podía volar en aviones de línea, tenía que vivir como magnate, y todo el mundo lo criticó, después de haber contado con el ejemplo de Óscar Berger, quien no se sentía menoscabado al desplazarse como cualquier otro ciudadano. Y ahora, el presidente Otto Pérez sigue el ejemplo de su antecesor, porque le gusta viajar cómodo en las naves de los industriales que suben los precios de la canasta básica.
Siempre admiré la costumbre de los costarricenses, para quienes el gobernante debía habitar en su casa particular e ir al trabajo todos los días como cualquier otro ciudadano, saludando en la calle a la gente, utilizando el servicio público, y sabiendo que si llegaba tarde a una función de teatro no se le permitía el ingreso sino hasta el cambio de acto, porque estaba bien entendido que el Presidente es un servidor público y debe dar el ejemplo. En los mismos días nosotros vivíamos bajo la bota de los tiranos, que se desplazaban custodiados por sirenas y una maratón de soldados y judiciales, que atropellaban y se agachaban rendidos ante el poder de oscuros reyezuelos. Tales años habrán influido en la democracia de la que hoy se ufanan los ticos, mientras nosotros vemos crecer los apetitos particulares y el ejercicio de los políticos que hacen lo que les place a nuestra cuenta. Ungidos para aprovecharse. Derroche masculino y femenino de opaca transparencia.
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