Una ventana de oportunidad para que se debatan alternativas antidrogas.
De la VI Cumbre de las Américas, celebrada el 14 y 15 de abril en Colombia, destaca el acuerdo regional sobre la importancia de debatir alternativas para el combate al narcotráfico. Estas, sin embargo, solo se conocerán podrán serán aplicadas en un mediano o largo plazo, pero mientras tanto, ¿qué nos queda?
Captó interés el liderazgo que asumió el presidente Otto Pérez Molina al posicionar el tema como asunto principal de la agenda de la Cumbre. Pese al escepticismo inicial mostrado por algunos países, entre ellos Estados Unidos, para abordar la propuesta –que al principio se refería a despenalizar las drogas y luego se amplió a buscar alternativas para combatir ese flagelo–, finalmente, los 32 jefes de Estado participantes encargaron a una comisión de la OEA que estudie rigurosamente el fenómeno y plantee opciones, para darle viabilidad regional e internacional.
Internacionalmente, es un acierto la iniciativa del presidente guatemalteco que, no obstante, deberá continuar los esfuerzos en otros espacios, como el Consejo de Seguridad de la ONU y foros multilaterales, para garantizar que, efectivamente, el giro de las declaraciones del presidente Obama, se traduzca en compromisos firmes que beneficien a la región, o al menos en un proceso activo de discusión internacional, abierto y concreto del tema en cuestión.
El narcotráfico trae consigo violencia y delincuencia, tráfico de armas y de personas, venta de droga al menudeo, corrupción, y la implantación del crimen organizado, entre otros, que amenazan al Estado y a la sociedad guatemalteca. Por ello, es de esperar que el Gobierno asuma, con el mismo impulso y liderazgo, las medidas para combatir de raíz el problema.
Esos fenómenos requieren acciones complejas a nivel nacional y regional. Por ello, es necesario fortalecer y mejorar la cooperación centroamericana en el tema de combate al narcotráfico y otros de coordinación entre los países latinoamericanos, especialmente aquellos que son puente para el tráfico de narcóticos.
En conclusión, la VI Cumbre d abrió una ventana de oportunidad para que se debatan alternativas de combate al narcotráfico con mejores resultados. De igual manera, se logró mayor atención de los Estados Unidos en este aspecto y la posibilidad de fortalecer las relaciones bilaterales en otros ámbitos, como el migratorio. Sin embargo, los retos que quedan para cada país son grandes y exigen ser abordados con liderazgo y apertura en el debate. Guatemala se ubica ahora en el escenario internacional, pero debe continuar impulsando alianzas, decisiones y metas que realmente vayan en la dirección deseada.
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