Eran tiempos en que tener 30 años y ser soltera era algo insólito. Pero a ella no le importaba que la vieran raro porque prefería la compañía de un buen libro que soportar a los pretendientes incapaces de sostener una buena plática. Podía pasar su vida sin pareja, trabajando en la escuelita, y ayudando a su madre con su trabajo para que sus hermanos terminaran los estudios. En Zacapa la mayoría de los hombres “estudiados” era porque habían tenido la suerte de entrar en la Escuela Politécnica. Pero las botas, los rifles y la guerra no eran lo suyo, a menos que vinieran de las páginas de un libro, envueltas en alguna historia apasionante y entretenida. Así que la soltería parecía su único destino. Pero un día, entre el calor y la bruma del pueblo, apareció un patojo tímido, moreno y con los ojos más dulces del mundo. Él acompañaba a su familia a Esquipulas y la casualidad hizo que pararan en su casa un momento. Ella estaba acostada en la hamaca leyendo y de pronto comenzaron a hablar de libros. Dicen que ella le pasó un test de cien preguntas literarias que él respondió con un éxito arrollador. Para todo esto, alguna excusa inventó él para no seguir el viaje a Esquipulas con su familia y pasó la tarde conversando con ella. Nunca más volvieron a separarse. Y los libros a su alrededor, se multiplicaron así como ellos, sus hijos, y ahora sus nietos. Me gusta verlos, casi medio siglo después, compartiendo una gran vida y un gusto exquisito por la literatura, la palabra y el conocimiento. ¡Y eso, queridos lectores, es mi mejor herencia!
>laluchalibre@gmail.com
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
2 comentarios: