Viajar cómodo y vivir bonito, cara ambición presidencial.
El Presidente cometió el solecismo político de viajar a Cartagena en el avión de Multinversiones, el consorcio fundado por Juan Bautista Gutiérrez y presidido actualmente por sus nietos Juan Luis Bosch y Juan José Gutiérrez. Previo, el Presidente incurrió en la desafortunada decisión de mudarse a una residencia en Vista Hermosa I, propiedad de Jorge Estuardo, Ana Lissette y Olga Beatriz Fagiani Rodríguez, emparentados políticamente con la familia Alejos Cámbara.
En el primer caso, el Presidente afirma que haber aceptado el “jalón” que le ofrecieron los Gutiérrez a la Cumbre de Cartagena es un ahorro para el país, porque no pagó pasaje y, se colige, viajó con toda la pompa y circunstancia que él se merece. En el segundo caso, explicó, se mudó a esa residencia “debido a los inconvenientes que causaba el despliegue de su seguridad a los vecinos de Bosques de las Luces” (elPeriódico, 30/1/2012). El Presidente pagará una renta de US$3 mil mensuales, un gasto que de manera alguna debería producirse –si es que en verdad le cobran la renta– cuando desde la década de 1940 existe una Casa Presidencial erigida por Jorge Ubico para ser la residencia oficial del Presidente de Guatemala.
Dice el Presidente que haber viajado en el jet de la familia Gutiérrez no lo compromete, porque Multinversiones no es contratista del Estado. Y el hecho de que uno de los Alejos haya sido quien remodeló la casa de los Fagiani para habitarla él mismo (elPeriódico, 30/1/12) pero la haya cedido gustoso al Presidente cuando este manifestó su interés en ella, puede ser que tampoco se traduzca en contratos o réditos políticos para el inquilino desplazado.
Entonces, ¿si en verdad ni los Gutiérrez, ni los Fagiani, ni los Alejos van a cobrarse los favores, por qué nos sabe tan mal que Otto Pérez los reciba de manera tan fácil? Talvez sea porque uno espera que un Presidente no acepte regalos más que de sus familiares cercanos y sus amigos íntimos. Y luego, también nos cae mal el arribismo implícito que muestra de sentirse tan cómodo entre ricos y famosos y evitar prestarle oído a los menos favorecidos.
En el caso de su viaje a Cartagena, el Presidente alega que, de otra forma, hubiera tenido que tomar un vuelo comercial con conexiones tardadas, lo cual le hubiera hecho perder su tiempo. Lo que el sentido de comodidad y el esnobismo presidencial nunca valoró fue que un par de horas más tarde, en un vuelo regular, le hubieran evitado que lo comparasen con su predecesor, quien viajó al menos 11 veces en el jet de Tomza. Y también, si viviese en la Casa Presidencial, no lo compararíamos con otros mandatarios, verdaderos parásitos de los dueños de las residencias que habitaron, que nunca pagaron un solo centavo de renta.
Tal pareciera que aquí el 14 de enero las cosas cambiaron, pero para seguir iguales…
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