La Tierra lo exige porque las lecciones humanas son no solo importantes, sino vitales.
Hace cuarenta años este era un lago sano y cristalino al que familias de diferentes clases sociales iban a “dominguear”. Iban de picnic, tomaban la brisa fresca del lago, remaban una barquita o caminaban los cerros del rededor, cuentan las abuelas. Un lago cruzado por el cielo del trópico en el que sin la irresponsabilidad y negligencia de alcaldes y empresarios, hoy podíamos seguir disfrutando..
En contraste con los paisajes intactos que la memoria y la imaginación del presente evocan, nos encontramos frente a un lago casi muerto. Verde y amarillento, con olor a caño. Un lago que entre todos seguimos asesinando y asesinándonos a nosotros mismos.
Dicen los expertos que cada año alrededor de 500 mil metros cúbicos de desechos sólidos y flotantes se suman a los desechos existentes en el lago de Amatitlán. No solo es un botadero de basura, sino un botadero de lenta muerte.
Desde siempre, los humanos nos hemos reunido alrededor del agua. El agua es vida. Pero en vez de venerarla la hemos podrido, pudriendo todo alrededor. Hoy encontramos que no solo el lago de Amatitlán está casi muerto, crecen los índices de violencia y asesinatos a su alrededor. El viernes, Amatitlán amaneció con el asesinato de una niña. Entre un pueblo violento y un lago enfermo, me pregunto ¿qué se muere con Amatitlán?, ¿qué lección se esconde entre sus aguas turbias y llenas de bacterias desde las que hoy nadie imagina lo que fue hace un par de décadas?
El ecologista Mario Payeras nos recordaba “que en el proceso material de producir la vida, el medio ambiente es nuestra propia obra, y que esta obra deviene contradictoria con la naturaleza al ignorar sus leyes. Rehacer la naturaleza, por lo tanto, implica transformar las relaciones sociales que la dañaron”. Observaba que “todas las especies pueden afectar la posterior evolución de las cosas mediante su comportamiento. Todas las especies, incluidos los seres humanos, pueden tomar decisiones activas, y, cambiar las condiciones físicas y sociales a las que sus descendientes tendrán que enfrentarse”.
Cambiar las condiciones físicas y sociales era lo que pretendía el Plan de Desarrollo EDOM, propuesto por Manuel Colom Argueta al ser alcalde en los setenta. Además de generar energía eléctrica con la fuerza de las aguas negras se pretendía utilizar el lago de Amatitlán como un reservorio de agua potable. Su plan fue sistemáticamente rechazado por los alcaldes de varios municipios, estos alcaldes del Movimiento de Liberación Nacional, más que por contenido rechazaron el plan por ideología y política. Hoy tendríamos más energía y un reservorio de agua potable.
Lo cierto es que hoy el lago es un botadero de basura material, industrial y humana. El lago y sus alrededores huelen a muerte, publicidad y toda la chatarra de la globalización. Las aguas están ahogadas en bacterias, en cloro, en tor-trix, en negligencia, en ignorancia, en inconsciencia, en no atrevernos a pensar desde una conciencia ecológica.
Nuestro vecino México inundó de aguas negras y basura su lago de Xochimilco en los setenta, pero a partir de los noventa intentó salvarlo y logró hacerlo en ciertos espacios que ahora forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco. Se hizo con programas de saneamiento de aguas y con voluntad política.
Ayer fue el Día Internacional de la Tierra. Creo que la mejor forma de rendir homenaje al planeta es aprendiendo de los errores del pasado. Consumiendo menos y caminando más.
De todos los mamíferos, somos el animal con mayor adaptabilidad a diversos entornos naturales. Pero al tener conciencia debiéramos elegir no adaptarnos a lugares donde no se respeta la vida humana ni la vida Natural.
Estamos en momento de encrucijada: el sistema Tierra no aguantará más desequilibrios. Estamos el umbral de decidir y cambiar el rumbo para crecer espiritualmente como especie. ¿Cómo inventar y aplicar un modelo de desarrollo pero uno que no ponga en venta manos, tierra, mentes, y recursos?, ¿cómo hacer a las empresas alrededor del lago colaborar por volverlo un lugar sano para respirar y vivir?, ¿cómo hacer que las autoridades municipales escuchen el urgente llamado que lleva más de treinta años de ser ignorado? Las respuestas precisan porque el tiempo se acaba. La Tierra lo exige porque las lecciones humanas son no solo importantes, sino vitales.
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