De una lista sugerida de cambios que hace falta exigirle al modelo educativo tradicional (ver Caraduras No. 65), el cuarto punto hablaba de la necesidad de suprimir el sistema de notas, promedios y punteos. Veamos por qué:
Es absurdo reducir el concepto de aprendizaje a una mecánica retención de nociones que no siempre se comprenden (ni mucho menos se aplican) y que, por lo tanto, acaban olvidándose a la vuelta de la esquina. En cambio, los efectos del aprendizaje se miden en relación con los cambios que genera en el comportamiento del estudiante.
Resulta, pues, que tales indicadores numéricos (las notas, los promedios, los punteos) no arrojan evidencia alguna ni de la inteligencia del sujeto evaluado, ni de su pretendida calidad profesional, ni de sus cuotas de autorrealización, ni de qué tan consciente es de su entorno, ni de qué tan satisfactoriamente ha sabido integrarse en él.
Mucho más fácil –y mucho mejor– sustituir las notas por un simple ‘pasar’ o ‘no pasar’ la prueba del propio aprendizaje, y claro, la persona más indicada para saberlo es el estudiante mismo. El hecho de repetir se vería entonces no como una ‘pérdida’ de tiempo ni como un ‘fracaso’ sino como la oportunidad de reforzar lo que haga falta.
Siguiendo este modelo, la función del tutor es orientar, motivar, sugerir fuentes y, si mucho, ofrecer algunos insumos para el conocimiento.
Todo alumno de verdad comprometido consigo mismo (y aguijoneado por el estímulo que le brinda su curiosidad) estaría llamado, así, a complementar lo recibido en el aula con cursos, lecturas adicionales y actualizaciones. (Continuará).
>lacajaboba@gmail.com
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
6 comentarios: