Es mi culpa por esperar de él una Makeba, un Juanes o un Gilberto Gil.
A mí me gustan las canciones de Arjona. Me enorgullece que llene estadios por todas partes. Y siempre anhelé que participara de discusiones políticas e hiciera algo por su país. Como Miriam Makeba en Sudáfrica contra el apartheid; o Juanes en Colombia por la paz; o el brasileño Gilberto Gil. Pero qué decepción.
Para Arjona hacer patria es aliarse con Pepsi para decir que el país no cambia porque somos unos mediocres “y cambiará si cambiamos de actitud porque tenemos un montón de lugares bonitos”. Sesudo análisis (y equivocado) para inundar mi espacio visual de mi país con una campaña multimillonaria de una empresa que está inscrita como maquila para dejar de pagar algunos impuestos.
Entonces varios intelectuales, reunidos en el Grupo Intergeneracional, se disponían a hacer un análisis crítico de este mensaje que traslada la responsabilidad del fracaso nacional a la actitud de individuos, y obvia un país con profundos problemas estructurales, con necesidad de justicia social para que si me esfuerzo se me retribuya, necesidad de más creatividad, de responsabilidad de la elite con este país. Una crítica muy válida, a diferencia de otras críticas superficiales para una campaña superficial.
Y ahí es donde viene el problema. Radio Nuevo Mundo censura el programa porque “traspasa un límite editorial” y escribe otro capítulo de la censura empresarial al periodismo en este país. Y don Ricardo se manda un alegato que parece anhelar los tiempos autoritarios en los que no había “voces críticas que retrasaban el desarrollo del país”. Dice entrelíneas que los que critican son unos resentidos comunistas. Y que no hacen nada más que “escribir palabras y tener una tibieza de temperatura que dejan sus nalgas en la silla donde agazapados y sin mover un dedo intentan arreglar los problemas del país”. Me perdí de algo. ¿Si no es eso de escribir canciones bonitas y no mover un dedo, qué ha hecho Arjona por Guatemala en los últimos 20 años?
Él pide que le demos una alternativa para ayudar a su país. Con gusto. Varias. Concienciar, con su voz autorizada, sobre la necesidad de que los que tienen más poder sean más responsables. O deslegitimar la misoginia, la desigualdad o el racismo. O financiar cooperativas para crear empleos. O hacer un partido político o escuelas de arte. O pagar impuestos. Sí, puede hacer mucho más.
Como ser sujeto público y dar el ejemplo a los políticos de diferenciar entre la crítica superficial y la crítica profunda y tomar pan para su matate. Trabajar para que se respeten los derechos humanos y se profundice la democracia en este país de volcanes y lagos. Y es que aquí no hace falta cambiar de actitud. Hasta Coca-Cola se enteró. Vean su “atinado comercial” en el que muestra que ya en este país somos todos unos héroes, que no solo damos la vida trabajando aunque tengamos pocas retribuciones salariales o de bienes públicos para nuestros hijos, sino que además devolvemos la billetera ajena en la calle.
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