La Corte Suprema de Justicia (CSJ) conmemoró este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, difundiendo los resultados de los tribunales especializados para los delitos de femicidio.
Hay motivos para celebrar. Por primera vez, la justicia en nuestro país da un paso decidido para atender las necesidades de las mujeres. Se nota la diferencia de tener al frente del Organismo Judicial (OJ) a una mujer comprometida con esta temática.
Nuestros problemas son seculares y hace falta mucho para resolverlos, pero el interés de Thelma Aldana y del equipo que la rodea resulta esperanzador.Desde que fue electa Presidenta de la CSJ en octubre del año pasado, Thelma Aldana afirmó que atender los delitos en contra de la mujer sería una prioridad para su administración. Sus palabras no fueron bocanadas de humo.
Los tribunales especializados en Guatemala, Quetzaltenango y Chiquimula han dado frutos y por ello el OJ ha decidido ampliar la experiencia en Huehuetenango y Alta Verapaz. En el d partamento de Guatemala se incrementará el número de jueces asignados al tema y se abrirá también una sala especializada, para que los casos que ya han recibido sentencia puedan elevarse hacia una segunda instancia en condiciones idóneas.
¿En qué se diferencian estos tribunales de los comunes y corrientes? Ante todo, el personal ha recibido una capacitación minuciosa para comprender y abordar la problemática de la violencia en contra de la mujer.
En estos juzgados no se escuchan las denuncias con sorna o desidia. No habrá aquí quien diga, como le sucedió a una colega en un tribunal, que las solteras padecen de malhumor ni un juez que sobresea el caso si la misma mujer que llegó golpeada la semana anterior se presenta luego a pedir clemencia para su agresor.
En estos tribunales se cuenta con especialistas en psicología y trabajo social cuya misión consiste en brindarle a la víctima una mejor atención, en lugar de tratarla como si fuera un expediente con número. Se corre el riesgo de que con el pasar del tiempo estos funcionarios se limiten a compartimentar su tiempo en entrevistas estériles y llenar formularios, pero también existe la posibilidad de infundir mística en el servicio público y ayudar a personas vulnerables en momentos decisivos.
En una de sus columnas de Plaza Pública, el escritor Julio Prado, quien tambiéntrabaja para una fiscalía especializada, contó cómo sus compañeros organizaron una fiesta de 15 años para una víctima de abuso. ¿Qué se logra cuando un grupo de funcionarios llena de globos una oficina y sirve pastel en platos desechables para ofrecerle un vals a una quinceañera entre archivos y escritorios? El cuestionamiento mismo nos delata como privilegiados. Para quien nunca ha recibido cariño, un gesto afectuoso, una palabra amable, una mirada, puede abrir una primera rendija hacia la recuperación personal.
En la presentación de este informe de la CS , las juezas explicaron cómo a su tribunal entran una tras otra las mujeres golpeadas por sus parejas, anuladas a fuerza de maltrato, y cómo después de denunciar el infierno donde viven regresan para negarlo todo y asegurar que son ellas mismas las que se dejan moradas a fuerza de tropezones. Esas mujeres necesitan más ayuda de la que puede brindar un tribunal.
Pero por ahí se empieza, por la reparación de la justicia. Es una buena noticia que la CSJ haya decidido apostarle al tema. Ahora hay tener en cuenta que el personal de estos juzgados también necesitará, más temprano que tarde, ayuda para hacer su trabajo. El dolor es como el chiflón de las madrugadas: tiene una capacidad insidiosa de caernos al pecho.
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