El Procurador General –asesor y consultor– lo fue alguna vez de todos los órganos del Estado y defendió también los intereses y fines del Estado. Como asesor y consultor sabía de cuanto ocurría en el Gabinete y, el Gabinete, le escuchaba. Los dictámenes de la Procuraduría General de la Nación no eran vinculantes pero –tal su prestigio–, el prestigio de ese entonces que, no siendo vinculantes ¿Quién en su contra?
Como representante del Estado llegó a improbar los Estados financieros y la Memoria de Labores de la Empresa Eléctrica –entidad que supuestamente vendía por debajo de su costo de producción pero ¡Increíble, pero cierto! aún, así, obtenía ganancias ¿?
Dijo la PGN, en su momento: No pasarán a las barcazas y las barcazas, no pasaron ¿Cómo estarían, si no, a estas alturas, el Lago de Izabal y Río Dulce?
Los barcos pesqueros mexicanos que tenían la costumbre de incursionar en nuestras aguas hubieron de pagar –por primera vez– una importante indemnización a nuestro Estado y ya nunca más volvieron.
Aquel alcalde municipal marquense –sustentado en dictamen– se abstuvo de inscribir el “matrimonio” Harbury, un matrimonio fraudulento.
¿Qué quedó de la institución? ¿Qué quedó de su prestigio? ¿Qué se hicieron los sueldos del personal equiparados a los del Organismo Judicial, a los sueldos de sus magistrados, sus oficiales, y sus jueces? Tratado su personal, de segunda; de segunda, se comporta. ¿Dónde quedó el respeto por los plazos?
Todos los Presidentes tienen la tentación de poner a sus achichincles en las instituciones de control, pero, ¿para qué un Procurador de los Derechos Humanos que no sea independiente? ¿Para qué un Procurador General que diga lo que quiere el Presidente y no la ley? ¿Para qué Contralor General de Cuentas que se haga de la vista gorda y que se abstenga de fiscalizar los ingresos y los gastos del Estado? ¿Para qué un Ministerio Público que persiga opositores, pero encubra allegados?
De achichincle en achichincle se ha minado la autoridad de la institución a tal extremo que el cambio de Procurador General apenas si generó noticia en la página siete de uno de los diarios. ¿De segunda la Procuraduría General de la Nación? ¡Ni siquiera de quinta! Quien llegue a dirigirla, como el ave Fénix, habrá de hacerla surgir, de sus cenizas ¿Y, saben una cosa? Sin una PGN eficiente es poco menos que imposible la excelencia del Estado. ¿Competitividad? ¿Competitividad sin un Estado en orden, que la sustente?
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