Su deseo de ser famoso a costa de inventar letras cutres para un nicho de mercado que supo identificar.
Si las disqueras, la televisión y los espacios radiales abrieron con fuerza sus puertas desde los noventa no fue por el supuesto talento de Arjona, sino por el negocio que representa para estas. La definitiva alianza matrimonial a conveniencia entre capital e industria musical.
Gaby Moreno tiene un talento extraordinario. Su tierna timidez habla de un alma limpia. Hace unos días al escucharla cantando fui testigo de eso indecible que su voz, desde un suave jazz y blues, es capaz de levantar en la atmósfera.
Cosa que no veo en su dúo con Arjona. Produce bastante risa que desde radios y blogs se le defina a Arjona como “héroe musical”. Da pena ver esa puesta en escena que él mismo hace en el video clip Fuiste tú, rindiendo homenaje a una Guatemala inexistente en su corazón y en su cabeza. Lo telenovelesco, cursi, provincial y pomposo no se lo ha logrado quitar la fama.
Lejos de ser héroe nacional, Arjona es un verdadero actor que no sabe serle fiel sino a su bajo deseo de ser famoso a costa de inventar letras cutres para un nicho de mercado que supo identificar muy bien. Un fantoche que se las da de “poeta maldito”, activista y comprometido. Un cantante con letras risibles que se contradicen y se caen por sí mismas. Una vida musicalizada dedicada a la imagen, la superficialidad y el hedonismo. Por lo menos lo cursi en El Puma cantando “dueño de ti, dueño de qué, dueño de nada…” es genuino.
Un escritor chileno describe a Arjona como un “bufón de circo de segunda”.
Cuando a Arjona se le invitó a celebrar el Recital de la Paz para la celebración de la Firma de los Acuerdos de Paz el 29 de diciembre de 1996, se negó dando la respuesta de que “los guatemaltecos no apreciamos su arte”. ¿Cuál arte?, se pregunta uno, cuando en su reciente video clip aparece como actor de su cuna Televisa entre la selva petenera cual mochilero buscando una identidad perdida y con sonrisa falsa jugando con niños pobres y contemplando los atardeceres de una región mágica que no siente suya.
Dice el cantante argentino Fito Páez que su país vive un “aniquilamiento cultural y vaciamiento de las ideas” al aplaudir y asistir a los conciertos de Ricardo Arjona. No creo que Arjona haya contribuido a que Guatemala se busque a sí misma. Mucho menos que ilumine y enriquezca el panorama cultural y musical. Lo que ha dado Arjona a Guatemala son malas letras musicalizadas y envueltas en la puesta en escena de un “yo poeta bohemio exilado de mi patria”.
Desde México y Argentina ha arrojado sus displicencias y poco carisma a un pueblo necesitado de cultura y autoestima nacional. Y es tanta nuestra sed y hambre...
Ricardo Arjona no es sino un artista inventado por los medios de comunicación, la industria musical y la televisión mexicana. Su fama y popularidad habla de la bajeza cultural en la receptividad de un público poco educado auditiva e intelectualmente.
Este fantoche de quien el viernes se dijo en este mismo medio que hacía desplantes a sus seguidores es un teatrero de muy mala calidad. Que si es recíproco con sus seguidores o no, es irrelevante. La pobreza está en sus poses e inventos dizque musicales y dizque artísticos.
Música para la imagen. Consumos masivos y enlatados de un tipo verdaderamente insoportable, endiosado por los medios de comunicación convirtiéndole en personaje mediático.
El mejor artista es el que logra no solo conectar su vida con su obra. Sino el que se convierte en su obra misma, el que logra con su arte hacernos más humanos, algo como lo supo hacer el mago y maestro Efraín Recinos, quien decía que “si uno se enamora del arte se ha enamorado del alma de las colectividades”.
La esencia del amor al arte es el amor a la vida. Y en las letras de Arjona no se siente un enamorado de la vida. No hay en ellas ni humor ni nada trascendente. Llamarlo “héroe nacional” es desconocer lo que hemos sido, es sumarnos a lo que sucede en Argentina y en el globo: ampliar el espectro de vaciamiento de las ideas y la definitiva aniquilación cultural. Si tuviéramos tan solo una esquirla de lucidez y de instinto de sobrevivencia, sabríamos reconocer quiénes y dónde están nuestros verdaderos héroes. “Héroe musical”, me dice. Para mí que las radios quiten a Arjona y pasen al Ratón Vaquero, de Cri-Cri, él nos hace confiar más en asuntos como alegría y heroísmos.
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