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    Guatemala, domingo 26 de febrero de 2012

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    DOMINGO

    El cerro que expulsó a sus habitantes

    Érase una vez en la zona 1 de Mixco 4 colonias habitadas por 192 familias, un día la tierra se abrió obligando a empacar sus cosas a 123 de ellas. Quedaron 69, que hoy enfrentan un dilema: elegir entre el patrimonio o la vida.

    “El bloque entero se desliza cada día”, concluyó el consejo científico de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred). Es más, basta un sismo o que llueva para que ocurra una tragedia al pie del Cerro Alux, le advirtieron a Otto Pérez Leal. Tenía apenas 9 días de asumir la alcaldía de Mixco cuando le entregaron esas 5 hojas, la conclusión de la Corred, que cambiarían el destino de 192 familias de 4 colonias de la zona 1 del municipio. 

     

    ¿Qué hacer? La primera gran decisión que debía tomar el Alcalde de Mixco. “Deben deshabitar sus hogares y tienen dos meses para hacerlo”. Eso decidió,  eso ordenó. Fue como un balde de agua helada sobre los vecinos de La Asunción, San José Buena Vista, Los Magueyes y Los Olivos. “¿Qué vamos a hacer?”, se preguntaban unos mientras otros se aferran: “Hace más de 30 años que vivimos acá, nadie nos va a mover”. A pesar del miedo que les provocan los estruendos que se escuchan de las profundidades de la tierra,  abandonar su hogar no está entre sus planes.

     

    Y ahora, ¿quién por los vecinos? Solo sus parientes o amigos que quisieron brindarles un espacio provisional, y el albergue que acondicionó la comuna de Mixco. Son alrededor de mil 400 pobladores asentados en las faldas del Cerro Alux, una reserva forestal desde 1997 (Decreto 41-97). Ahí no hay culpables, por ahora. “Solo los documentos hablarán y el responsable tendrá que ofrecer una explicación al Ministerio Público”, asegura el alcalde del municipio.

     

    Así va la historia para las 123 familias que decidieron marcharse el 1 de febrero, y la pesadilla para 69 que no tienen los recursos ni el deseo de trasladarse.

     

    Colonias fantasma

     

    La Asunción parece la imagen de western y sus pueblos fantasma. Una fila de adoquines levantados forman una pequeña cordillera de cemento y tierra (la grieta), que de lado a lado sostiene los restos de viviendas, casas formales de bloc y cemento que parecen de cartón. Echados sobre la acera, hay perros moribundos que aguardan el regreso de sus amos, pero ellos no volverán. Una que otra persona deambula como buscando respuesta en la soledad. Arriba se extiende, majestuoso, el bosque más importante de la ciudad de Guatemala, según el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), la cordillera Alux.

     

    El balance de aquel bosque se interrumpió hace 30 años al asentarse las primeras familias. “La historia geológica del lugar se desconoce porque ninguna autoridad le prestó atención”, dice Eddy Sánchez, director del Instituto Nacional de Vulcanología, Sismología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh). Los árboles del cerro evidencian que el deslizamiento de tierra viene ocurriendo desde hace 20 años. Y la grieta  crece medio centímentro cada día. Pero a nadie le importó hasta que escucharon la queja de vecinos de La Asunción: una explosión en la calle levantó el adoquinado y rajó las aceras. Así el 3 de enero iniciaron el primer estudio del área cuyos resultados no están a la vista del público, solo el dictamen que sugiere sacar de allí a las familia tan pronto sea posible.

     

    Claro, nadie quería marcharse, asegura Jorge Ruiz, un vecino. Hace 19 años llegó con sus padres y sus 4 hermanos, cuando no estaba tan poblado y era común encontrar cangrejos en los nacimientos de agua. Su casa se encuentra a 16 metros de la fisura que parte a la mitad la calle.

     

    Los deslizamientos devastaron su casa: ni las puertas ni las ventana cierran. De las 107 familias que habitaban la Asunción quedan 18. “Mis padres y hermanos se fueron al centro de Mixco, pero yo cuido nuestras pertenencias”, explica mientras trata de asegurar la puerta principal.

     

    Y es que la desgracia de unos es la suerte de otros; la suerte –si se le puede llamar así– es para los chatarreros, los recolectores de metal que ya desmantelaron 2 casas. La zona no está libre de la delincuencia a pesar de estar custodiada por el Ejército, agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) y policías municipales. Por eso en San José Buena Vista permanecen las 13 familias que la componen. En Los Olivos y Los Magueyes solo 38 de 54 propietarios se marcharon.

     

    Los habitantes buscan una solución, un milagro. “Quién sabe, tal vez Santo Domingo de Guzmán (el santo patrón de Mixco) podría cerrar las grietas”, confían. De echo la imagen que sale en procesión solo en agosto recorrió hace dos semanas los alrededores de la grieta. Para el terremoto de 1976, en febrero, hicieron lo mismo.

     

    Empezar desde cero

     

    Días antes de Navidad, Rodrigo Parra, un herrero de 46 años, escuchó estruendos semejantes a las bombas que queman en la Iglesia católica de Mixco. Pero al aguzar el oído se percató de que aquellas explosiones provenían del suelo.

     

    Los Parra son la única familia (él, su esposa y siete hijos) que decidió marcharse al albergue habilitado por la comuna en el gimnasio polideportivo. Los jugadores de papifútbol se acostumbraron a su presencia, pero la última champa que montaron los Parra les impide entrenar.

     

    Dejaron su vivienda en Los Magueyes. “Era una galera, pero era nuestra”, dice con tristeza. “Mi vida es un fracaso tras fracaso”. Llegó hace 29 años cuando era un asustado muchacho de 17 que huía del conflicto armado y de las masacres ocurridas en San Juan Cotzal, Quiché. Esta vez una grieta le arrebató su propiedad. Por eso “la suerte no está de mi lado”, se lamenta.

     

    Alquiló cuartos durante 18 años hasta hace 6 meses que enganchó su terreno. No tiene escrituras, se las darían hasta pagar la mitad de los Q50 mil que cuesta el lote. “Pero solo llevábamos Q8 mil”, dice. Los Parra quedan fuera de la solución de traslado propuesto por la Municipalidad, la Conred y el Fondo Guatemalteco para la Vivienda (Foguavi),  el Fonapaz y la Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia. Necesitan las escrituras, para ser tomados en cuenta.

     

    Rodrigo desconoce el nombre de quien le vendió su terreno e ignoraba que estaba en un área protegida. El bufete popular de la Universidad de San Carlos y la Comisión Jurídica de la Municipalidad brindan asesoría legal a los afectados. “Se está evaluando cada caso para saber en qué forma proceder”, dice José Luis León, coordinador municipal del proyecto multisectorial para solucionar el problema.

     

    En las cuatro colonias hay galeras como la de los Parra y construcciones más formales como la de los Gámez.  Estaban tan emocionados, dicen,  que nunca escucharon los retumbos de la tierra. “Emocionados porque después de 7 años regresó mi esposo”, cuenta Delfina de Gámez. Su esposo trabajó en Estados Unidos para edificar la casa que la grieta les quitó. La disfrutaron 3 meses nada más. “Vendí mi herencia para comprar este lugar”. Llegó a Los Magueyes hace 17 años donde atendía una pequeña tienda de madera en un terreno de 9 por 18 metros cuadrados. Con el paso del tiempo crecieron su familia (tiene 8 hijos) y su patrimonio, son propietarios de 3 lotes. Bueno, eran los propietarios de 3 lotes.

     

    El Cerro Alux llegó a su límite, y pone a prueba al nuevo alcalde: debe ofrecerle alternativas a las 192 familias afectadas.

     

    En el tercer piso del edificio de la municipalidad se encuentra la oficina del alcalde Pérez Leal. Allí sentado detrás de su escritorio dice al final de una entrevista, “haremos lo humanamente posible para resolver el problema”. En un mes se vence el plazo para desalojar ha los habitantes de las cuatro colonias.

     

    El muro de la iglesia de Jesucristo Familia de Dios evita, por el momento, que se deslicen las 4 colonias.
    El muro de la iglesia de Jesucristo Familia de Dios evita, por el momento, que se deslicen las 4 colonias.

     

     

    Cada albergue de transición unifamiliar tiene un costo de Q1 mil 800.
    Cada albergue de transición unifamiliar tiene un costo de Q1 mil 800.

     

     

    Susana de León sdeleon@elperiodico.com.gt

    25 febrero 2012

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