Wilmer Hernández no vio cumplidos sus anhelos de jugar profesionalmente, ni logró tener en sus manos el trofeo de mejor goleador que había ganado. En 20 años dejó huella en quienes lo conocieron.
Decían que su talento lo llevaría lejos, que haría carrera en el fútbol. De delantero, de volante, de defensor o de guardameta; Wilmer Estuardo Hernández Martínez jugaba muy bien en todas las posiciones, dice Luis Alberto Velásquez, su entrenador en el equipo del Deportivo Petapa de la Liga Especial.
También era panadero. “Era mi mano derecha en la panadería”, asegura Baudilio Hernández, su padre. Wilo, como todos le decían, se desvelaba todos los días desde el quinto grado de primaria, para elaborar el pan que al día siguiente repartirían en varias tiendas de San Miguel Petapa.
Hernández Martínez tenía 20 años. Afable, educado, soñador y buen deportista, lo recuerdan sus amigos y compañeros de juego. Nació el 10 de noviembre en 1981, hijo de Angélica Martínez, ama de casa, y de Baudilio Hernández, propietario de una panadería. El tercero de 8 hijos y el mayor de los 3 varones que procreó el matrimonio.
Más de la mitad de su corta vida la pasó en canchas de fútbol y en el equipo Deportivo Petapa. “Desde los 9 años se inició en la categoría mosquitos del equipo y nunca faltó a un entrenamiento”, recuerda su padre. Se desvelaba haciendo pan y madrugaba para asistir al entreno en el estadio municipal de la localidad, a dos cuadras de su casa (una tienda de barrio con techo y paredes de lámina). No comía mucho del pan que horneaba desde que empezó a entrenar, aseguraba que tenía que entrenar más para bajar las libras que ganaba cuando lo comía. “Un pan francés y uno de manteca al día, no más” aseguran en su familia.
Su potencial lo habría conducido hasta las ligas mayores, asegura Velásquez, su entrenador. “Tenía 9 años cuando vino Walter Clavería (entrenador de fútbol y seleccionado nacional en los ochenta) preguntó quién era el mejor jugador de mosquitos y señalé a Wilmer. ‘Él va para la liga mayor’”, recuerda.
Para Wilmer, su vida y pasión por el fútbol lo condujeron a abandonar sus estudios en tercero básico y poner así toda su atención en el deporte. En el colegio donde estaba sabían que podía llegar lejos, después de los entrenos tenía permiso para llegar dos horas más tarde que el resto de estudiantes. Sin embargo, no quiso continuar sus, estudios.
A Wilo su talento le sirvió para remar contra la corriente, pero su entorno le dio la primera de cal para su carrera cuando quiso convertirse en profesional. “Había programado hacerse unas pruebas con el equipo a mediados del mes pasado, pero ya no vino. Solo era cuestión de que hiciera la prueba porque el entrenador Alex Monterroso ya lo había aceptado. Él ya estaba adentro del equipo”, señala Miguel Ángel Che Castro, gerente del equipo Deportivo Carchá. Pero lo querían con todo y su ficha de jugador, el Deportivo Petapa le pidió Q18 mil para dejarlo ir, pero no tenía esa suma.
La marca que impuso esta temporada de la Liga Especial fue de 14 goles en 13 partidos y le valió el reconocimiento de goleador de la liga. No llegó a recibirlo, dos días antes sucumbió ante un infarto masivo al corazón durante un partido con amigos, el último que jugó. “Un desmayo”, pensaron, y lo trasladaron a la emergencia de un hospital privado de Villa Nueva, pero su deceso había ocurrido en el lugar donde jugó su último encuentro. Wilmer Hernández murió la noche del 21 de julio.
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