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    Guatemala, domingo 31 de octubre de 2010

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    DOMINGO

    Reprobados: 9 de cada 10 graduandos no gana lectura ni matemática

    Los estudiantes que se están graduando de la secundaria no tienen las herramientas para enfrentarse a la universidad ni al mundo laboral y el país no cuenta con el recurso humano para romper el círculo de la pobreza y el subdesarrollo.

    Poca gente sabe que en un recoveco de la página electrónica del Ministerio de Educación (Mineduc) puede encontrar información que muchos colegios e institutos quisieran ocultar. Son los resultados de las pruebas de lectura y matemática de los graduandos de diversificado y que detallan, establecimiento por establecimiento y año por año, los conocimientos y habilidades de los que finalizan la secundaria.


    Las cifras globales son de pena: 98 de cada 100 examinados no gana matemática y 93 de cada 100 pierde lectura. Según este indicador, si la calidad educativa fuera un paciente estaría en coma, casi desahuciado.


    No a todos los establecimientos educativos les va mal. Varios reflejan un grueso porcentaje de estudiantes en la categoría de “excelente”, pero son los menos. Abundan los colegios e institutos con puntajes pésimos: la mayoría de sus estudiantes, o todos, pierden la prueba con la peor calificación.


    Las pruebas nacionales se realizan desde 2004 a establecimientos privados y públicos y a todas las carreras de nivel medio. La constante ha sido que los maestros y secretarias obtienen calificaciones más bajas que los peritos y bachilleres.

    Los institutos públicos salen con punteos ligeramente inferiores a los privados. Los del área rural muestran notas notoriamente peores, al igual que los colegios con plan fin de semana, en comparación con los de plan diario.


    La primera vez que se publicaron los resultados causó furor. El 77 por ciento de los graduandos estudia en colegios privados. Los planteles mal punteados se negaban a aceptar las cifras y los que encabezaron el ranking de los mejores daban brincos. En 2008 el Ministerio de Educación (Mineduc) desistió de difundir las listas, pero la información sigue siendo pública. Los 2 mil 564 establecimientos evaluados la reciben detallada y por escrito. El mismo reporte está en internet, aunque la mayoría de padres y alumnos desconoce dónde y cómo localizarlo.


    Las estadísticas generales muestran un constante deterioro de la calidad educativa. Desde 2006 (año a partir del cual son comparables las pruebas) se ha registrado una disminución de los estudiantes que aprueban (vea la gráfica central). Los números también dicen que el aprendizaje de los estudiantes guatemaltecos se deteriora conforme avanzan grados. En la primaria, la mitad gana las pruebas; al terminar la secundaria, menos del 8 por ciento.

    Varias explicaciones, un problema

    Varias explicaciones e hipótesis se desprenden de esas estadísticas. La primera, la que defiende el viceministro de Calidad Educativa, Miguel Ángel Franco, es que no puede ser que los graduandos estén tan mal. Muchos colegios e institutos también lanzan el grito al cielo cuando les llegan los informes. “Mis alumnos están muy por encima de eso”, alegan en las mesas técnicas que conforma el Mineduc.


    El Viceministro sostiene que los graduandos toman la prueba a la ligera, no se esfuerzan. A diferencia de países como Chile o Costa Rica, donde la calificación sí determina el futuro académico, perder la prueba en Guatemala no impedirá obtener el título ni ser admitido en la universidad. Los resultados además los entrega el Mineduc un año después (los de 2010 estarán disponibles en octubre de 2011), cuando probablemente ya estén trabajando o en la universidad.


    La hipótesis del Viceministro la refrendan analistas y colegios, y encuentra sustento al comparar las calificaciones de los graduandos de secundaria con las registradas en las pruebas de ubicación de la Universidad de San Carlos (Usac) que no son tan lamentables. En ellas “sólo” reprueba el 59 por ciento matemática y el 21 por ciento lenguaje.


    El porcentaje de “insatisfactorio” en la Usac, no obstante, es alto. Cada año 5 mil jóvenes que no ganaron el examen en ninguno de los tres intentos tienen que inscribirse en el Programa Académico Preparativo (PAP) para adquirir los conocimientos que no aprendieron en su vida escolar. El curso dura 10 meses y el 80 por ciento lo gana. No es una tarea que le compete a una universidad, pero debe hacerse, dice Ángel de la Cruz, director del Sistema de Ubicación y Nivelación de la Usac. Aun así, a un sancarlista le toma un promedio de 12 años terminar la carrera.


    Otra explicación de la baja calidad educativa del país es que el promedio nacional ha bajado en vez de aumentar, porque ahora se evalúa a graduandos de programas alternativos como los de fin de semana y a distancia, que obtienen las peores notas, arguye Fernando Rubio, director del programa Reforma Educativa en el Aula auspiciado por USAID.


    Puede hallarse también una relación en la crisis económica que empezó en 2008 y que orilló a estudiantes a trabajar y a las instituciones educativas a reemplazar maestros caros por baratos, acota Rubio.


    El Círculo de Empresarios por la Educación, que reúne a casi 5 mil colegios privados de los 9 mil 997 del país) reclama que se aplican pruebas estandarizadas para todas las carreras, sin importar si son bachilleres o secretarias. “En Guatemala hay 236 carreras, ¿cómo pueden aplicar exámenes genéricos? Las pruebas son una farsa”, se queja Esbin Mejía, secretario y asesor general de la agrupación.   


    Si embargo, si el graduando tiene los conocimientos y ha desarrollado las habilidades para ponerlos en práctica, eso se reflejará en los resultados de las evaluaciones, opina Enrique Cortez, jefe de la Dirección General de Gestión de Calidad Educativa (Digece) del Mineduc. No es cuestión de que contesten a la ligera, sino de que no pueden aplicar lo aprendido.


    Algunos colegios se quejan de que evalúan contenidos que los estudiantes aprendieron años atrás. Cortez responde que el proceso educativo no es para un tiempo. Se examina sobre lo que los alumnos aprendieron a lo largo de 12 años, pero no a través de un proceso memorístico. Se verifica que sean capaces de resolver problemas de la vida cotidiana a partir de los conocimientos. Problemas como los que plantean las pruebas.

    Poco acceso y poca calidad

    En Guatemala, sólo 20 de cada 100 estudiantes logran cursar el diversificado. Sí, el acceso a la educación secundaria es limitado, pero el panorama para los que consiguen llegar, tampoco es alentador. Más del 90 por ciento de los graduandos no tiene los conocimientos necesarios para enfrentarse a la universidad y a un trabajo formal.


    En palabras de Rubio, son jóvenes que, en su mayoría, no entrarán o no terminarán la universidad y se incorporarán a la economía informal u obtendrán empleos con bajos salarios.


    Un trabajador con baja calidad educativa le significa a una empresa contratar a más personas para hacer las tareas que haría un empleado calificado o desistir de ejecutar algunas actividades productivas porque no se cuenta con el personal capacitado, expone Salvador Paiz, presidente de la directiva de Empresarios por la Educación. La falta de habilidades y conocimientos detectados posterior al otorgamiento de las plazas se traduce en inversiones al capacitar a los trabajadores y suplir las deficiencias educativas. 


    El sistema educativo “es una fábrica de fracasos”, lo resume Michael Lisman, coordinador de programas para Centroamérica del Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina (Preal). “Es un país donde el presupuesto en educación no es suficiente, pero no se discute la eficiencia del gasto”, añade. En palabras de Rubio aquí “no hay calidad educativa”.


    Pero ¿qué es la calidad educativa? Una encuesta dirigida por el Mineduc detectó que a los padres se les dificulta definirla, explica María del Carmen Aceña, la ex ministra de Educación que puso en marcha las evaluaciones a graduandos. Para algunos la calidad se mide en función de los valores enseñados. Para otros, por la cantidad y calidad de los idiomas aprendidos. Pero para muchos significa que haya una escuela en la comunidad.


    Las pruebas nacionales utilizan un mismo estándar y reflejan en términos numéricos los conocimientos adquiridos en lectura y matemática. Sin embargo, presentan una deficiencia.


    El Currículo Nacional Base (CNB) a partir del cual se diseñan las pruebas sólo se ha implementado en la primaria, hasta el otro año llegará a tercero básico. Mientras tanto, el diversificado sigue con un sistema antiguo, más enfocado en la memorización que en el desarrollo de competencias. Eso supone una incompatibilidad entre lo que se enseña y lo que se examina. ¿Cómo evaluamos si no sabemos qué contenidos hay que impartir?, pregunta Verónica Spross, analista en temas educativos y directora del área social del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).


    Mejía, del Círculo de Empresarios, asegura que la calidad educativa del país es buena.  “Lo que es malo es la forma de medirla”. En cambio Guillermo González, presidente de la Asociación de Colegios Privados (ACP) que aglutina a cien establecimientos medianos y grandes de la capital, considera que las pruebas son positivas porque permiten hacer comparaciones, medir progresos y tomar medidas para mejorar la calidad educativa. Sin embargo, resalta, el porcentaje no es el único indicador. Los padres también valoran que los estudiantes aprendan sobre valores, liderazgo, deportes, idiomas y eso no lo miden las pruebas. Spross acota que no hay que temerle a las estadísticas porque contribuyen a tomar decisiones.


    Al Mineduc los resultados de las pruebas le sirven para el diseño de políticas educativas. Guatemala aún tiene tareas pendientes en cuanto a calidad de la educación. Se debe agilizar la entrega de los resultados de las pruebas y que estos sean vinculantes con la graduación y el ingreso a la universidad. La información debería ser más alcanzable, especialmente para los usuarios que no tienen acceso a internet y falta también que se le dé seguimiento a los graduandos evaluados y ver qué pasa con ellos ¿terminan la universidad? ¿qué tipo de empleo consiguen? ¿cuál es el rendimiento educativo de sus hijos?

    Paola Hurtado phurtado@elperiodico.com.gt

    30 octubre 2010

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