Como consultor de la Federación de Cooperativas Agrícolas de Guatemala –Fedecoag– me ha tocado entrar en contacto intensivo con la realidad cooperativista en el país, un sector que –ustedes recordarán– fue declarado “no empresarial” por la Corte de Constitucionalidad, cuando ésta le despojó del sillón que habían ganado en la Junta Monetaria; y que, además, fue atacado por el video de Rodrigo Rosenberg.
Esta variante anti oligárquica del capitalismo le despierta roncha a los grandes grupos económicos guatemaltecos, que lo ven como un indeseable competidor, tanto en términos productivos como políticos. En su génesis se asemeja a una sociedad accionaria, en el sentido que la integran individuos libres y conscientes, quienes deciden asociarse para sumar esfuerzos y perseguir una finalidad productiva, que no podrían alcanzar de manera individual. Sin embargo, a diferencia de la sociedad accionaria, los beneficios se reinvierten en la cooperativa en forma de nuevos servicios que elevan el nivel de vida de los asociados o apoyos al cual tendrán acceso todos por igual. En una cooperativa, todos los asociados tienen el mismo poder y la misma importancia. Este igualitarismo, sumado al énfasis en la solidaridad, constituyen los rasgos distintivos de este modelo productivo.
El sentido de solidaridad y el apoyo técnico que reciben sus asociados han hecho que el cooperativismo haya podido resguardar del colapso a la gran mayoría de sus asociados durante la crisis del 2009. Uno de los mejores ejemplos de éxito en circunstancias globales y locales adversas lo constituye la Federación de Cooperativas de las Verapaces –Fedecovera–, cuya área de influencia abarca la Alta y la Baja Verapaz, dos zonas predominantemente indígenas.
Fedecovera, que recientemente realizó su 36 asamblea general, no solo mantuvo sino incrementó su productividad, a tal grado que en un año de apreturas fue capaz de otorgar casi Q1 millón en complementos de precios entre sus cooperativas federadas. El valor alcanzado por el café y el cardamomo, dos de los contados rubros de exportación que crecieron durante 2009, fueron la clave para que Fedecovera pudiese pagar mejores precios a sus asociados en una etapa de vacas flacas.
Las cooperativas han recibido apoyo estatal y de la cooperación internacional. En este último aspecto, Fedecovera ha trabajado durante seis años con la canadiense Sociedad de Cooperación para el Desarrollo Internacional para desarrollar proyectos forestales. El desempeño de Fedecovera ha sido tal, que esta entidad de cooperación la nominó como uno de sus cinco asociados más exitosos en el mundo, para lo cual le entregará un reconocimiento el próximo 4 de junio.
Todo esto sucede en un año de ataques políticos, de éxito económico en circunstancias adversas, cuando la ONU ha proclamado 2012 como el Año Internacional del Cooperativismo. Es un sector que por su membresía, el aporte que da al PIB, y su eficacia para mejorar el nivel de vida de sus asociados, se está transformando en un actor social primordial para Guatemala.
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