Justamente por lo “insípido” de los últimos eventos electorales, en la disputa por la Rectoría de la Carolingia, la apatía del electorado ha incrementado los niveles de abstención en los votantes. Sin discursos de contenido político ni académico, los rectorados –incluido el actual–, han pasado su período sin salir de lo anodino; la Usac sigue sin aproximarse a la realidad de Guatemala, ni cualificar la academia. Las más de las veces sus personeros están en campaña. O intentando hacerse visibles para saltar al escenario electoral nacional. No les importa el Partido que los postule, lo importante es llegar “aunque sea” a Ministro de Educación, o tal vez Presidente del Congreso.
El proceso electoral actual tiene agravantes en relación a lo insulso que han resultado los anteriores ejercicios, y es que la moral política de la casta dirigente de la Usac, parece hacer aguas. Dos de los contendientes, actuales, ocupan altos cargos en la administración de hoy: uno el mismo Rector, que no solamente sigue la “moda” de antidemocráticas reelecciones, sino que sin el menor pudor, sigue ejerciendo su cargo y haciendo campaña. El otro aspirante, –con sui generis– sentido de la ética política es el actual administrador de la USAC; desde ambos cargos, se ejercen hilos de poder, que distorsionan el proceso y pueden influenciar el resultado de la elección.
Esta actitud –deleznable– ha generado sombra, sobre un proceso que debiera ser transparente, por excelencia. Optar por la opacidad, amparados en un ardid basado en la conveniente legalidad, pero muy alejado de la academia gráfica en la gravedad de la crisis de valores en la Usac y reafirma el hecho que el “Id y Enseñad a todos”, en manos de estos “educadores, ejemplo de juventudes”, sentará otra cátedra funesta, en la ya deteriorada imagen universitaria y lanza un muy mal mensaje para la democracia nacional, quizá fincados en postulados como el que “dicen que dicen” algunos políticos mexicanos: “en política, moral es un árbol que da moras”, esto se lo escuché al maestro Carlos Figueroa Ibarra.
En síntesis, los actuales administradores de la USAC, pretenden hacer creer a la sociedad, –que en su caso–, no existe ni uso de los recursos de los guatemaltecos, –que sostenemos la USAC–, ni tráfico de influencias en sus aspiraciones políticas. Bastaría con establecer cuánto tiempo usan para la campaña política y cuánto para el ejercicio del cargo, para darles un mentís y consecuentemente una obvia respuesta negativa. Corresponderá al votante carolino, con su voto pensante, vetar la conducta politiquera en la tricentenaria.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
12 comentarios: