“¡¿Que me vayan a matar es un señalamiento político?!”, increpó fuera
de sí la jefa de bancada del Partido Patriota (PP), Roxana Baldetti.
“Son
posturas políticas ante señalamientos políticos”, contestó quizá por
décima vez, el vocero presidencial, Fernando Barillas. Resistía las
embestidas de los patriotas que lo citaron por segunda ocasión para
explicar lo que había calificado de show: la denuncia de un plan para
asesinar a Otto Pérez Molina y a Baldetti, ahora secretaria de la
agrupación.
El encuentro terminó en gritos, amenazas y un
proceso penal contra Barillas. Un embate más que el PP libraba luego de
que Juan Pérez León, el supuesto testigo, les advirtiera del plan para
asesinarlos y días después se retractara acusándolos del asesinato de
Rodrigo Rosenberg. Los patriotas se mantienen en el vaivén de la
marejada política, en junio de 2008 la Intendencia de Verificación
Especial (IVE) pidió investigar a Pérez Molina. Según el intendente,
Edgar Barquín, el cheque por Q688 mil 500 que Pérez había recibido de
Mercado de Futuros (MDF), era parte de los fondos del Congreso. Siempre
en la cresta del oleaje.
Mientras, en el interior del partido,
experimentan una reingeniería que deja fuera a los secretarios
departamentales del Comité Ejecutivo prevista en los estatutos; y
entrega la secretaría general a Baldetti, un movimiento que no fue del
agrado de los diputados distritales –los departamentales–, que vieron
amenazadas su reelección al moverlos de las primeras casillas (dos de
ellos enfrentan procesos de antejuicio). Pero, “¡es necesario un
cambio, es un paso adelante para fortalecernos porque vamos a vencer en
las próximas elecciones!”, justificó Pérez Molina en la Asamblea
Nacional de su partido hace tres semanas.
Al final de cuentas,
un movimiento interno necesario, opina el analista Héctor Rosada. Un
movimiento que libera de la carga administrativo-pública a Pérez y lo
ubica en el contexto de una campaña preelectoral.
Una
operación pensada ante la crisis en la que los envolvió el caso
Rosenberg que exigía colocar a Pérez en un espacio propio como “líder
supremo nacional”, sin que cualquier señalamiento futuro pueda
vincularse con el partido. “Ahora él está en el panteón de los dioses”,
ejemplifica Rosada.
Además los patriotas buscan una nueva
generación de líderes, a eso le apuestan, opina el analista político
Pedro Trujillo. Y en este repensar salen a buscar de diez en diez a los
nuevos simpatizantes y a negociar con líderes de otros partidos. La
contienda electoral de 2007 les mostró su lado flaco, los
departamentos, en donde deben incrementar sus afiliados. Una tarea que
se complicó desde que existe Cohesión Social.
De diez en diez
En
el pizarrón del PP la meta es conseguir 2 millones de afiliados, muy al
estilo de las iglesias evangélicas para atraer más fieles, o como Amway
y su comercialización en red. Los patriotas lo llaman organización de
células: la misión de cada uno de sus integrantes es buscar a otros 10
y estos a su vez a otros 10 hasta sumar 1,800 células. En esta
operación cada célula debe componerse de 1,100 patriotas afiliados, lo
que les daría 1 millón 980 mil, casi los 2 millones a que aspiran.
Funcionan
bajo la supervisión de un coordinador departamental quien dirige a los
secretarios municipales (o líderes de cambio) y estos a su vez tienen a
su cargo a diez “coordinadores con carácter” que rigen a otros diez
“promotores de decisión”. Estarán registrados en libros y serán
supervisados, refiere Fredy Viana, quien comparte la coordinación del
departamento de Guatemala junto a Gudy Rivera. De esta manera esperan
asegurar la búsqueda de nuevos liderazgos (locales y nacionales),
conseguir el voto duro y establecer un sistema de competencias para
generar más opciones de liderazgo.
Hay un último escalón: “los
amigos de Otto”, los simpatizantes del candidato que no desean
afiliarse al partido, pero que aportan económicamente.
Esperan 2 millones de afiliados para apuntalar la elección de 80 diputaciones y 150 alcaldías.
“No
ha sido una tarea fácil”, reconoce el líder de los patriotas,
conquistar distritos electorales perdidos en 2007; Quiché,
Huehuetenango, Escuintla, San Marcos, Totonicapán y parte de la costa
suroccidente.
Por el contrario uno de los bastiones del partido
naranja es el área metropolitana donde lograron sólo dos alcaldías,
pero ganaron las presidenciales y cinco diputaciones. La coordinación
está a cargo de Guillermo Samayoa, un diputado de bajo perfil,
empresario de la construcción, a quien describen como apacible, pero
con dotes de buen conciliador y con nexos en el sector privado.
La
metropolitana está dividida en 7 regiones, que serán reestructuradas
ante el avance de Cohesión Urbana y sus programas de Escuelas Abiertas,
Comedores Solidarios y Bolsas Solidarias. Aunque los patriotas
descansan en la idea de que el 75 por ciento de los votos que les dio
la victoria en el área no están en los barrios a donde apunta el
partido oficial. Pero Cohesión Social les preocupa.
La
diputada Anabella de León y uno de los ex miembros del Comité Ejecutivo
coinciden en que si se quiere avanzar habrá que librar 2 batallas: la
territorial que incluye maratónicas visitas en aldeas –Pérez llega a 16
cada fin de semana– de casa en casa para fortalecer las células; y la
política, enderezada a bloquear los futuros presupuestos y fuentes de
donde pueda alimentarse Cohesión Social. Y esta última la librarán en
el Congreso.
El reto del PP será mantenerse como “la única
oposición”, dice Rosada. Quizás aún máscomplicado de definir, montar
una plataforma política, incluso, en la que Pérez Molina eventualmente
no sea el candidato, agrega.
Matrimonio por conveniencia
Al
PP le inquietan Cohesión Social y la búsqueda de liderazgos. Algunos de
sus correligionarios reconocen abiertamente estar en negociaciones con
diputados del FRG; con Arístides Crespo de Escuintla, Julio López
Villatoro de Huehuetenango, Iván Arévalo de Totonicapán, Haroldo Quej
de Alta Verapaz, Mario Rivera y Carlos López de Quiché. Suman varios
meses de negociaciones. En tanto que a Ricardo Saravia, legislador
eferregista, se le identifica como el enlace entre ese partido y el
sector privado representado en el PP. “Yo sólo soy un empresario”,
responde escueto al preguntarle.
Algunos patriotas reconocen
que la presencia de los incómodos eferregistas ha caldeado los ánimos.
“No lo hacemos a nivel institucional. Buscamos sólo a los líderes, a
las personas”, dice uno de los negociadores del partido naranja.
“Porque el voto sólo se consigue a través de un liderazgo reconocido”,
admite Gudy Rivera sin hacer alusión en concreto a quiénes de los
eferregistas podrían incorporar.
No obstante, la “dama de
hierro”, como se refieren a Baldetti, la única aproximación que admite
es con Crespo. “¡Por ejemplo, con Mario Rivera, jamás!”, dice enfática.
Además, niega que exista dificultad para encontrar liderazgos: “¡Se lo
digo yo, Roxana Baldetti, que antes de ser secretaria general fui ocho
años secretaria de organización y conozco el liderazgo en el interior!”.
Quiché,
por ejemplo –reconocen los patriotas–, no ha sido una plaza fácil de
conquistar. Ahí el mapa político está dividido en 11 alcaldías
lideradas por la UNE, 1 por el Partido Unionista, 6 por el FRG y 2 por
el PP y 1 alcaldía por la Gana.
“Con todo el apoyo que da la
primera dama, olvídese, hay un gentío que está con la UNE”, dice un
optimista, Lester Reyna, diputado oficialista. Esa mañana regresaba de
una gira con Sandra Torres de Colom en los municipios de Patzité,
Chinique y Cotzal, Quiché. La esposa del mandatario visita semanalmente
el departamento porque 19 municipios (de los 21 que son) gozan de los
programas de Cohesión Social, unas 60 mil familias. Si en promedio cada
una tiene 3 votantes, “tendremos 90 mil votos duros”, hace cuentas el
legislador. Luego de una pausa aclara: “Pero, la primera dama se ha
tomado el cuidado de no politizar”.
Similares dificultades a la
de Quiché enfrenta el PP en Huehuetenango donde Cohesión Social está en
19 de sus 31 municipios. Allí, en 2007, el 57 por ciento de los votos
fueron para Álvaro Colom contra el 42 por ciento de Pérez Molina.
En
tanto que en el norte, en Baja Verapaz, donde la UNE ganó una de las
dos diputaciones, dos alcaldías y perdió las presidenciales, los
oficialistas se ven atareados. “Hacemos trabajo de base con todos los
programas de Cohesión Social que están en San Miguel Chicaj, Cubulco,
Rabinal y Purulhá, los municipios priorizados. Así si se van los
líderes, no se va la base”, reconoce Delia Back, del partido oficial.
Escuintla
ha sido un territorio dominado históricamente por el FRG y la UNE. En
la segunda vuelta para las presidenciales los oficialistas sumaron 95
mil 538 votos, el PP alcanzó 43 mil 358.
Por la reciente
formación del PP, para Trujillo no se puede hablar de pérdidas de
territorios sino de nuevos aprendizajes para el PP. En 2007 su
principal debilidad fue su frágil estructura y ahora se concentran en
mejorarla.
La encuesta
Alejandro Sinibaldi, secretario
adjunto del PP, reconoce en Cohesión Social una plataforma política del
oficialismo. En voz baja otros patriotas ven con recelo que con 89 de
estos municipios debidamente trabajados la UNE podría obtener el 55 por
ciento de los votos en toda la República.
Pero Sinibaldi no
quiere hablar de las debilidades sino del viento que sopla a favor, de
los resultados de la última encuesta que encargaron a la firma Borge y
Asociados. “Así como hay beneficiados conformes los hay que no lo
están, los resultados podrían revertírsele a la UNE”, dice. Según la
encuesta el 28 por ciento de la población conoce los programas de
Cohesión Social y el 16.4 sabe que la responsable es Sandra de Colom.
“El nivel de desaprobación para el Gobierno es del 70 por ciento a
nivel nacional. Como partido tienen el 7 por ciento de intención de
voto y Sandra de Colom, el 2”, agrega.
La preocupación por la
seguridad creció de un 31 por ciento en noviembre a un 50 en mayo de
2009. El 44 por ciento pensaba en esa misma fecha el año pasado que la
situación estaba peor, ahora esa cifra aumentó al 61 por ciento. El 42
por ciento de los guatemaltecos confía en que la situación será mejor
en tanto que el 29 opina que empeorará.
“El Gobierno hace campaña por nosotros todos los días con sus equivocaciones y contradicciones”, dice un muy seguro Sinibaldi.
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