La ópera, esa señora desconocida que pasaba muy poco por Guatemala, ahora viene más a menudo. Jóvenes como Ana Rosa, Mario, Pedro Pablo y Ana Isabel la retienen en el país a golpe de esfuerzos. La están convirtiendo, de visitante en residente.
Marta Sandoval
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Jesús Alfonso
Pedro Pablo Solís Bajo barítono/ 17 años
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Los maestros
Bárbara Bickford habla con la elegancia de una diva. En el suelo, frente a ella, hay una chica acostada con una pesa en el estómago y varios libros en la nuca. Está aprendiendo a respirar. “Hay mucho talento en Guatemala, como para no tener que importar nada”, dice mientras eleva sus cejas castañas. Tiene 22 alumnos a los que además de instruir les busca espacios para cantar.
El otro maestro es Luis Felipe Girón May, que se ha presentado en 2 mil obras alrededor del mundo. Su nombre suena obligadamente siempre que se habla de ópera en Guatemala. El único requisito que pone para recibir a un alumno “es que entre por mi corazón”. Sus 26 estudiantes ofrecen, al menos, 14 recitales en un año.
“Jóvenes con talento abundan, pero igual que los que estudian medicina: comienzan 50 y terminan 5”, dice.
Crecieron sin conocerla pero aprendieron a amarla en poco tiempo. A pesar de que su mayor contacto con la ópera ha sido a través de discos, sus voces no tienen nada que envidiarle a la de artistas extranjeros, de países con tradición operática y que han asistido a recitales desde pequeños. La prueba la dieron Ana Isabel Lazo y Ana Rosa Orozco, en Turandot. Las dos se turnaron para darle vida a la esclava Liu y su desempeño consiguió ovaciones de pie en toda Centroamérica. Como ellas, Pedro Pablo Solís y Mario Chang han dejado boquiabiertos a los entendidos.
La ópera es un muerto que resucita con más fuerza de la esperada. Ya antes hubo presentaciones, pero nunca tantos artistas nacionales, tanta demanda del público y tanta pasión en el escenario.
Tuvieron que pasar casi 30 años para que el Teatro Nacional recibiera una ópera. El arte de las grandes pasiones era algo tan extraño en Guatemala como un astronauta. Algo propio de la televisión o de los países con gente glamorosa. Pero en 2005 su foso se estrenó con una orquesta y su escenario se llenó de voces potentes cantando en italiano. La Traviata inauguraba un teatro que tenía todo lo necesario para presentar una ópera, menos cantantes.
Ana Isabel, Rosa, Mario y Pedro Pablo son cantantes que emergieron de la nada, que no asistían a óperas porque no había y que se formaron a trancas y barrancas. “Esto es como sembrar papayas en el desierto”, dice Ana Isabel. “A todos los que cantamos ópera nos ha llevado el tren”, comenta Ana Rosa.
Para llegar a las tablas hace falta sortear una serie de trabas, de entregarse de lleno a un trabajo que no da para comer y dejar de lado otras actividades. Por una función de ópera se pagan US$500 y suele haber, cuando mucho, cuatro al año. Para llegar a presentarla son necesarios dos o tres meses de preparación. Eso sin contar que la formación de un cantante de ópera no termina nunca. Deben manejar técnicas de respiración, de actuación, leer música, aprender italiano o alemán, memorizar repertorio y ensayar a diario. “Aquí todo es invertir: en clases, en preparación, pero no hay ningún retorno”, comenta Ana Isabel con resignación, pero complacida porque la “energía” que siente en el teatro vale más que el dinero.
La tercera, la vencida
La ópera es terca y regresa. Ya había vivido en Guatemala en dos ocasiones pero su destino fue marcharse. Volvió a principios de milenio y ya parece arraigarse en el gusto de los guatemaltecos.
La primera vez que llegó fue en 1830, cuando se fundó el teatro Colon. “Mi tatarabuelo, Juan Matheu, lo abrió con la idea de traer ópera”, cuenta Bárbara Bickford, “venían temporadas de seis meses en cartelera. En ese entonces hasta el que sacaba la basura silbaba La Traviata”. Pero el terremoto de 1917 lo dañó y nunca se reconstruyó. Murió con él la primera época de ópera en Guatemala. Juan José Arévalo la trajo de nuevo, pero se marchó otra vez.
Estuvo fuera casi 30 años hasta que en 1997 Luis Felipe Girón May gestionó para que el Festival Paiz presentara La Traviata. Esta vez ya no era una producción totalmente importada, participaban artistas guatemaltecos. Y desde entonces no ha parado. En 2005 pasó algo nunca antes visto: una soprano guatemalteca como protagonista de una ópera. Fue Ana Isabel Lazo en La Bohéme. Antes de eso siempre se invitaba a cantantes extranjeros y los chapines hacían papeles secundarios.
Con un nombre extranjero se garantizaban la taquilla. “Los productores no pueden arriesgar su dinero”, dice Ana Rosa, “piensan que si contratan a un cantante guatemalteco no van a llenar sala”. Bárbara Bickford lo ha comprobado. Los recitales de sus alumnos los dan siempre en el teatro de cámara. “Si lo hiciéramos en la Gran Sala, diciendo que son guatemaltecos no llenarían”.
El sueño de los cantantes es una compañía nacional de ópera, que los aglutine y financie el Estado. Con eso podrían montar temporadas más extensas, funciones escolares, repartir el arte que tanta pasión les provoca, compartir sus voces sin amplificación electrónica y hacer vibrar más espíritus con su canto.
Pedro Pablo Solís Bajo barítono/ 17 años
Cuando Pedro Pablo no había siquiera cumplido la mayoría de edad ya había interpretado a un viejo de 80 años. Llegó a “Turandot” a golpe de suerte. Audicionó y aunque a los directores les impresionó su voz, no les convenció del todo que un niño de 17 años interpretara al anciano Mandarín. Le dejaron en lista de espera, por si algo sucedía con el elegido. Y sucedió. Pocos días antes del estreno, el cantante no había logrado aprender su papel. Pedro Pablo estaba detrás. “Tú, inténtalo”, le dijeron ante la emergencia y Pedro Pablo los dejó boquiabiertos: había aprendido de memoria el texto. Salió a escena con firmeza y convicción, como si hubiera nacido encima de un escenario. Y en realidad los escenarios operísticos son nuevos conocidos para Pedro Pablo. Escuchó la primera ópera en 2006 y los montajes que ha visto se cuentan con los dedos de una mano.
A los 13 años cantaba y tocaba la guitarra en un grupo de rock. Hasta que en 2005 decidió inscribirse en el conservatorio, allí conoció la ópera y “fue amor a primera vista”. Ahora le llaman constantemente para dar recitales y ha obtenido papeles en “Turandot” y “Rigoletto”. Tiene además, una invitación para asistir a un concurso en México, pero aún no reúne el dinero para el viaje.
Ana Isabel Lazo Soprano/ 27 años
Ana Isabel empezó a cantar para no perder la clase de música. Fue casi un ultimátum de su maestra, “inscríbase en el coro o pierde el curso”. Así, a empujones y sin demasiado ánimo, la bailarina de ballet de enormes ojos caoba, empezó a cantar. Quizá fue el destino el que la llevó para que descubriera su talento. Un talento que la convirtió en la primera guatemalteca en cantar un rol protagónico. Empezó a los 18 años y ahora, una década después, ya puso en pie al público en Costa Rica. “Yo siempre me he sentido un bicho raro”, confiesa. “Llegaba a la U, peinada y con vestido de gala porque me iba a la ópera”.
“Cantaba música popular pero no me sentía bien”, recuerda mientras divide su largo cabello castaño con los dedos, “yo quería algo más”, agrega.
Fue hasta que una amiga la llevó a un recital cuando conoció la ópera. Supo de inmediato que eso era lo que quería hacer. Tomó clases con Bárbara Bickford y después viajó a México y Nueva York.
Ana Rosa Orozco Soprano/ 32 años
Ana Rosa pasó poco más de un año planeando el montaje de “Turandot”. Coleccionando retazos de tela para idear el vestuario y diseñando escenarios que recrearan China. Porque además de ser una soprano con una voz que conmueve, es arquitecta.
Creció en una familia de músicos, donde los almuerzos y las reuniones familiares se amenizaban con la guitarra. La música clásica era como el aire en su casa. “A los cuatro años le pedía a mis papás que me pusieran música de Tchaikovsky”, recuerda la artista que desde los ocho años toca violín.
Desde muy pequeña empezó a cantar y ha ido, poco a poco, consiguiéndose una formación profesional a base de esfuerzo. “Me paso el año juntando centavos para pagarme clases en Argentina o Estados Unidos”, cuenta.
“Cuando yo empecé no había nadie a quien seguir, ningún ejemplo, nadie estaba haciendo ópera”. Ahora es a ella a quien siguen los más jóvenes, Ana Rosa da clases de canto y promueve presentaciones desde su papel de gestora cultural en el Teatro Nacional.
Mario Chang Tenor/ 22 años
“Cantá como niño, si vos sos chiquito”, le decía su mamá a Mario Chang cuando con cuatro años gritaba a todo pulmón “la donna é mobileeee, qual piuma al ventoooo”. Mario conocía mejor las óperas italianas que las canciones de Cri–cri. Sus oídos se alertaban cuando su abuela ponía un disco de música clásica o cuando en la noche, antes de dormir, le cantaba una balada clásica. Nunca canciones de cuna.
De mayor estuvo a punto de cantar rancheras, algo productivo, que le diera dinero. “Canté un par y salí huyendo”, la terquedad de la ópera se apoderó de él. Grabó un demo para un concurso y, no se sabe cómo ni porqué, llegó a las manos de Girón May. El barítono decidió tomar su formación a cargo, jamás le cobró un centavo y lo llevó, con apenas seis meses de clases a interpretar a Gastón, en “La Traviata”. “Tiene una voz espectacular, la facilidad mayor que yo haya escuchado en Guatemala”, dice Girón May.
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5 comentarios:
Ferrando: (2009-03-25 19:34:26 horas)
Exelente publicacion! en realidad ya hacia falta ver algo asi!
estuardo Perez: (2009-03-22 19:25:58 horas)
si, hagamoslo Yo me apunto con 25 quetzales.....
Luis Solares: (2009-03-22 16:07:01 horas)
Excelente artículo. qué bien saber que a pesar de la crisis, la violencia y la corrupción que nos rodean se encuentra aú en Guatemala personas que aman el arte y viven por y para el. Estoy totalmente de acuerdo con el cmoentario del Sr. Miguel Alvarez. Yo propondría a el Periódico organizar una colecta entre todos los amantes de la Opera. Donando aunque sea 15 quetzals, si nos juntamos unos 2000 amantes de la ópera, alogo de plata se puede reunir para enviar a Perdo Pablo al concurso, o a culquier otro de neustros cantantes a que conozcan y ean conocidos fuera de las eonteras. el Periódico puede lograr algo así y anotarse puntos como promotor de las artes. Felicidades.
mannpellecer: (2009-03-22 13:51:38 horas)
Q' bueno, reconozco su calidad, y estamos apuntados en la JJ del teatro, para gozarnos de su talento. En realidad, qué bueno y desde ya felicitaciones!! mannpellecer@yahoo.com
Miguel Álvarez: (2009-03-22 12:12:57 horas)
Que buena publicación, este es el tipo de noticias que necesitamos los guatemaltecos, saber que hay personas luchando por lo que aman, no dedicados al hacer más sino al ser más, Pedro Pablo es el vivo ejemplo de eso, que pena que no pueda reunir el dinero para estar em México, en estas personas, que se empeñan, que demuestran es donde el Ministerio de Cultura con nuestros impuestos tendría que invertir, no en la maldita selección de borrachos y drogadictos.
5 comentarios: