Si la concesión de Ferrovías es lesiva, debe pagar Arzú, y si, por el contrario, no lo es, es Berger quien debe hacerlo ¡Así de fácil!
Lo que no cabe en este asunto es que la concesión –usufructo oneroso– sea lesiva y que, a la vez, no lo sea. No pueden quedarse vestidos los dos de primera comunión y no podrían pretender que fuésemos los contribuyentes quienes tuviésemos que pagar por lo que hayan hecho mal, el uno o el otro.
El Gobierno de Costa Rica decidió acostarse con la corrupción y perseguir a sus funcionarios, dejando libre de toda culpa al corruptor, la empresa transnacional Alcatel –tanto o más corrupta– y esto es algo que no debe repetirse entre nosotros. Si la entidad extranjera corrompió a nuestras autoridades y se hizo de una concesión que era incorrecta, no puede quedar impune. Los contratos lesivos no surgen porque sí. No constituyen estos un deporte nacional... Si hay lesividad hubo pisto de por medio –mera presunción pero infranqueable.
Tampoco podríamos presumir buena fe en una declaración de lesividad, si no la hubiere. Una declaración de lesividad –si esta no existe– solo puede explicarse si hay gato encerrado en el asunto.
Si la empresa extranjera incumplió el contrato, la vía para rescindirlo no era otra que la del incumplimiento contractual, algo que no tiene nada que ver con la presunta lesividad del contrato celebrado, siendo esta algo que se da en el origen de la relación y que es ajeno a lo que pudiese ser su posterior incumplimiento. Este caso tiene graves consecuencias civiles y debe llegarse hasta el final.
La lesividad declarada no se refiere al usufructo oneroso que se diera por Arzú sino al derivado de este y que se materializara por el Interventor de Fegua –en el gobierno anterior, el de Portillo– por lo que a Chana y Juana podrían sumarse el interventor y perencejo –pero, para perencejo, la Compañía operadora– la declaración realizada la deja sin posibilidad alguna de operar y afecta el todo.
El tren estaría por cerrar, definitivamente. Estaba previsto que sería el 30 de septiembre del año recién finalizado, el día en que quedarían cerradas sus operaciones. Es más, ha cerrado.
Ya alguien señaló que si se recuerda para bien a Justo Rufino Barrios, como aquel que introdujo el ferrocarril entre nosotros, y a Jorge Ubico, para mal, como aquel que cerró el Ferrocarril de los Altos, se recordará a Óscar Berger como el presidente que acabó con todo el ferrocarril en Guatemala.
¿Por qué se declaró la lesividad? ¿Habrá sido porque lo era en verdad la concesión –usufructo oneroso– que se diera, o más bien porque un importante financista de la campaña electoral de Juana –léase Berger– la quería para sí? ¿Habrá sido, acaso, porque este financista la quería para hacerse nada más y nada menos que del derecho de vía... Transmisiones eléctricas, fibra óptica y tantas otras gusaneras de las que tanto gustaba hablar el ex vicepresidente Stein?
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