Domingo 19 Marzo 2017
El Acordeón

El incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist

Los testigos vieron 62 jovencitas saltar a su muerte en aquella tarde. La conmoción abrumadora fue inmediata al ver cómo estas saltaban juntas, de la mano, abrazadas en un intento desesperado por encontrar su salvación fuera del alcance de las llamas que parecían no tener piedad de ellas; no había otra salida.


Por Anabella Salazar

El pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer, pero esta fecha tiene su origen en un evento ciertamente oscuro. A principio del siglo XX, Nueva York era la ciudad a la que ingresaban la mayor cantidad de inmigrantes venidos de Europa a los Estados Unidos. Solamente tenemos que recordar las memorables escenas de Coppola en El padrino II. Entre estos inmigrantes se podían contar tanto hombres como mujeres y niños que llegaban a los Estados Unidos buscando el sueño americano, una oportunidad de trabajo y mejores condiciones de vida. Sin embargo, el 25 de marzo de 1911, ese sueño americano, que impulsaba a millones de mujeres inmigrantes a trabajar en condiciones deplorables en las fábrica de textiles y confección de ropa, se convirtió en una pesadilla.

Estas fábricas eran, a principios del siglo pasado, lugares extremadamente aglomerados, no solamente repletos de empleados mal pagados y trabajando más de 50 horas a la semana; sino también de máquinas, algunas de alto riesgo, ocupando el poco espacio libre que quedaba. Además de esto, los edificios, aunque nuevos, no contaban con las medidas de seguridad y precauciones necesarias para proteger a los trabajadores, en su mayoría jóvenes mujeres y adolescentes. Debido a estas malas condiciones, un sentimiento de inconformidad comenzó a unificar a los empleados de las fábricas y talleres en Nueva York. El resultado de este descontento, tras meses de planificación, fue la huelga del 24 de noviembre de 1909. Animada y precedida por el espíritu de búsqueda de igualdad y justicia de Clara Lemlich Shavelson, esta huelga fue la primera en la que las mujeres trabajadores participaron. Un total de 20 mil mujeres marcharon por las calles de Nueva York exigiendo mejorías en la condición de trabajo y salario. Finalmente, el 15 de febrero de 1910 cesaron las marchas y se llegó a un acuerdo entre sindicalistas y empleadores y se llamó a un “Pacto de paz”. En este se acordó mejor salario e igualdad salarial, acortar la jornada de trabajo y un trato igualitario para aquellos trabajadores afiliados a un sindicato y los no afiliados.

 

 

“The girls are jumping”

Sin embargo, todos estos esfuerzos se entrelazarían entre los hilos del destino inesperado un año después del acuerdo. La tarde del 25 de marzo de 1911, cuando la jornada estaba a punto de terminar, exactamente a las 4:40 pm, las llamas, provocadas por lo que se cree que fue la colilla de un cigarrillo, comenzaron a consumir el octavo piso de la fábrica Triangle Shirtwaist. Esta, propiedad de Max Blanck e Isaac Harris, ocupaba los pisos 8º, 9º y 10º del edificio Asch en Greenwich Village. Las telas sintéticas rápidamente prendieron fuego y una llamada de auxilio fue hecha al décimo piso para advertir al resto de las trabajadoras que se encontraban en el noveno, completamente inconscientes del incendio bajo sus pies. Lamentablemente, la operadora que atendió la llamada entró en pánico y huyó sin advertir a las empleadas del peligro que corrían. Las llamas no tardaron en invadir los dos pisos restantes de la fábrica y sin haber recibido instrucciones de supervivencia en una situación tal, las mujeres de la fábrica entraron en pánico y el caos reinó por completo. Las escaleras de escape era demasiado angostas y pronto se bloquearon con las muchachas que desesperadamente trataban de bajar. Las única otra salida era el elevador. Este solamente podía cargar 12 personas en cada viaje pero durante aquella tarde salvó más de 100 personas cargando el doble de su capacidad, antes de colapsar y caer en caída libre hasta el sótano del edificio. La desesperación que se vivía en la fábrica rápidamente se tornó en terror. No había extinguidores, las únicas dos salidas estaban bloqueadas y las escaleras de rescates de los bomberos eran demasiado cortas. Aunque estos llegaron al edificio entre 2 o 3 minutos después del inicio del incendio, era ya muy tarde para muchas mujeres. La escalera de rescate más larga de la ciudad Nueva York solamente llegaba al sexto piso; las mujeres estaban atrapadas en la fábrica. Algunas comenzaron a bajar por el ducto del elevador y las demás, aquellas que aún no habían muerto pero que se encontraban rodeadas por el fuego y los cuerpos calcificados de sus amigas y compañeras, comenzaron a saltar por las ventanas del edificio: the girls are jumping.  La única salida de aquel infierno se transformó rápidamente en el suicidio.

Familiares, bomberos, reporteros y todos aquellos que escucharon los gritos, comenzaron a aglomerarse alrededor del edificio. Estos testigos vieron 62 jovencitas saltar a su muerte en aquella tarde. La conmoción abrumadora fue inmediata al ver cómo estas saltaban juntas, de la mano, abrazadas en un intento desesperado por encontrar su salvación fuera del alcance de las llamas que parecían no tener piedad de ellas; no había otra salida. El incendio duró poco menos de media hora pero cobró las vidas de 146 personas entre ellas 123 mujeres y 23 hombres. Aquellas mujeres que hacía solamente algunos meses habían marchado por las calles de la ciudad, ahora estaban siendo sacadas del edificio, sus cuerpos casi irreconocibles, atados a una soga o en ataúdes prefabricados. La mayoría de ellas murieron quemadas, por asfixia, heridas de impacto contundente o una combinación de estas tres causas. Sus cuerpos fueron llevados a Misery Lane en el East River para ser reconocidos por familiares y amigos.

 

 

Medidas de seguridad

En los días que siguieron, casi todas las familias de Greenwich Village se vieron afectadas de forma directa o indirecta por el incendio de la fábrica. Todos se conocían y el duelo manchó los corazones, no solamente de la población migrante sino de todos los neoyorquinos. Los entierros fueron múltiples, al igual que las anécdotas acerca de las vidas de las víctimas y sus familias, las cuales impregnaron las páginas de los periódicos de la ciudad por meses. Esto duró hasta principios de febrero cuando solamente quedaron 7 cadáveres en Misery Lane. No habiendo sido reconocidos ni reclamados por nadie, los sindicatos quisieron hacer un entierro público para honrar su memoria, pero esto fue impedido. En su lugar, se decidió enterrarlos en el cementerio Evergreen, en Brooklyn. Todo Manhattan se sintió indignado y, en un acto simbólico para honrar y recordar a todas las víctimas del incendio, los sindicatos movilizaron aproximadamente a mil personas el día del entierro, 5 de abril de 1911. Este suceso fue sobre todo, el inicio de una protesta para implementar nuevas reformas de seguridad social para todos los trabajadores, mujeres, niños y hombres, fueran inmigrantes o no.

Pero a pesar de esto, el sentimiento de búsqueda de justicia mezclado con la incertidumbre del duelo, se transformó en odio. Muy rápidamente, se comenzó a buscar un culpable por la muerte de las inocentes mujeres, ahora símbolos de martirio. Mientras muchas teorías afloraron y apuntaron en varias direcciones, una historia sobresalió entre todas. Como era costumbre en aquella época, los dueños de la fábrica Triangle Shirtwaist habían cerrados las puertas que daban acceso a las escaleras y salidas para evitar que las trabajadoras tomaran descansos no autorizados o incluso pudieran robar algo. Debido a que esta medida de “seguridad” fue implementada, como siempre, el día del incendio, las trabajadoras del noveno piso no pudieron escapar. A mediados de abril, Blanck y Harris fueron acusados de homicidio involuntario en primer y segundo grado. Estos habían recibido las recomendaciones de mejorar la seguridad y las condiciones de trabajo, habían sido advertidos de las consecuencias que podía traer tener a tantas mujeres aglomeradas trabajando todo el día sin ningún tipo de precaución en caso de un desastre. Sin embargo, ninguno decidió aplicar tales recomendaciones. ¿Por negligencia, tal vez? El 4 de diciembre comenzó el juicio pero fueron absueltos. Poco tiempo después, estos cobraron el seguro por los daños al edificio, obteniendo ganancias de la tragedia.

Pero, como se dice, todo vuelve a su punto de partida. La lucha iniciada por el levantamiento de las 20 mil un año antes, la búsqueda de igualdad y justicia para las mujeres, se vio revitalizada por la trágica muerte de estas 123 jóvenes y dio paso a una nueva esperanza que llega hoy hasta nuestra conciencia.

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