Domingo 12 Marzo 2017
El Acordeón

La segunda quema

Ana Maria Rodas

La telenovela


La primera, algunos recordarán, sucedió el 31 de enero de 1980 durante el gobierno del general Romeo Lucas, cuando la Policía asaltó la Embajada de España y, con fósforo blanco, como se supo luego, asesinó a 37 personas. Años más tarde, siendo ministro de Relaciones Exteriores de Arzú, Eduardo Stein visitó España para restablecer relaciones con aquel país y admitió que la quema de la Embajada “había sido uno de los episodios más negros de la historia de Guatemala”.

Treinta y seis años más tarde, la historia se repite. Cincuenta y seis jóvenes albergadas –palabra que en este caso es de un cinismo fulminante– en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción son forzadas a entrar a un espacio ínfimo, en el que pasarían por la tortura del fuego sin que sus carceleros, que no custodios, lograran abrir un candado que, aunque afianzado, tenía la llave puesta “por si alguna de las adolescentes encerradas quería ir al baño”.

Por la tarde, afirma la Policía, los jóvenes habían iniciado una revuelta protestando por la infame calidad de comida que recibían. Aparentemente, los monitores (que así se llama a los celadores de esa cárcel) abrieron las puertas de los módulos, e incitaron a los adolescentes a irse del sitio.

Así fue como 104 jóvenes huyeron; la Policía logró capturar a 79 de ellos.

Con los ánimos exaltados de nada sirvió la mediación que intentaron la Procuraduría de los Derechos Humanos, la Secretaría de Bienestar y el director del albergue. La Policía forzó a entrar a los jóvenes a varios de los recintos de la institución, y siguiendo instrucciones de una psicóloga que allí trabajaba, indican que dejaron las llaves prendidas a los candados.

Enterado que fue el presidente Morales de los sucesos en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, ordenó situar cien agentes de la Policía en la localidad, en prevención de cualquier otro evento.

Hasta ahí todo es casi creíble. Salvo el detalle de las llaves dentro de los candados. Lo verdaderamente increíble sucedió horas más tarde de finalizado en esta parte del mundo el Día Internacional de la Mujer.

Cuando ya se sabía de la tragedia, de las muertas, de las hospitalizadas que han ido falleciendo en circunstancias que no es posible desear a ningún ser humano, el Presidente de la República guardó un silencio asombroso.

Cualquier gobernante de país civilizado que se enfrente a circunstancias semejantes se habría dirigido inmediatamente a sus ciudadanos explicando, diciendo, expresando un pesar sentido o no.

Pero guardó silencio por un tiempo que se alargó de forma sorprendente.

Por otra parte, no hallo admisible la historia que nos han querido vender desde el momento primero en que se conoció la tragedia: que una de las propias jóvenes, hacinadas en el espacio al que fueron metidas a la fuerza, armada de una carterita de fósforos, le prendió fuego a uno o a varios colchones de espuma de hule.

Las primeras víctimas fueron halladas, calcinadas o semi quemadas, agolpadas alrededor de las ventanas, tratando de respirar aire y no el tóxico humo que las mató. Porque en un incendio, lo que asesina es el humo. Cuando el fuego hace presa del cuerpo o de los cuerpos, las personas ya han fallecido.

Y me pregunto en medio de la angustia y la ira que me aprietan desde que me enteré del fatal suceso: ¿podría una carterita de fósforos haber sobrevivido ese incendio que, al momento en que escribo esta nota, viernes a las dos de la tarde, ha cobrado ya 37 muertes?

Si además de los celadores de rigor –los monitores– había en el lugar cien policías custodiando para asegurarse que nadie volviese a intentar un escape ¿Cómo fue posible que nadie advirtiera la presencia de humo, del incendio que hasta el momento ya ha acabado con casi medio centenar de jóvenes?

Cuando la verdad salga a relucir ¿habrá un Ministro de Estado que convoque a los familiares de las jóvenes asesinadas por el fuego y les explique lo que realmente pasó? ¿Qué nos lo explique a todos los ciudadanos guatemaltecos? ¿Y como Stein lo hizo décadas atrás, admita que la quema del Hogar Seguro Virgen de la Asunción es uno de los episodios más negros de la historia de Guatemala?

comentarios

3 respuestas a “La segunda quema”

  1. Ramiro Mac Donald dice:

    Más claridad, imposible.

  2. Roberto Molina dice:

    Vamos doña Ana Maria, mas seriedad. La primera “quema” fue ocasionada por quienes portaban los artefactos incendiarios;(los que tomaron la embajada). La desgracia actual no es crimen de estado; tal como usted y sus amigos ideologicos, lo quieren convertir; no es decente aprovecharse de una gran desgracia, para acorralar al estado.!!!!!. Que hay culpables dentro de las instituciones estatales , pues claro que si; pero de eso a que fue una accion planeada y ejecutada;habra que comprobarlo y esta lanzando una seria acusacion; no se vale jugar asi.-.

  3. Chepe Ricci dice:

    La pudo haber llamado la “Tercera Quema” ¿culpando al Estado?. Remontándonos por 1960 en la “primera” (Manicomio) murieron más de 100 personas, se echò culpa al gobierno lanzando la versión de que, con esas muertes se quiso desviar la atenciòn de los bochinches y saqueos que hacìan peligrar la continuidad del presidente Ydígoras; pero fue una viejita apellido Segura la que iniciò todo. En la Embajada, en 1979, uno de los protestatarios lanzò la primera de sus varias molotov rebotando en el vidrio de una ventana y les reventò adentro. En 2017, como lo relató un bombero el mismo Dìa Internac. de la Mujer, una niña inició el fuego.

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