Domingo 26 Febrero 2017
El Acordeón

Llora como mujer…

ANA MARIA RODAS

LA TELENOVELA


Si les parece mal que una feminista empiece una diatriba –que eso es lo que pretende ser este escrito– con semejantes palabras, les recordaré que fueron dichas en el año de 1492 a Boabdil por su madre, la sultana Aixa, cuando él capituló ante los reyes españoles, y entregó Granada. En ese año, el feminismo no era siquiera un sueño.

Y a lo que me trae hoy.

Fuimos muy valientes en 2015 y nos fuimos a la calle, llevando hasta bolsitas de plástico para recoger cualquier basura que hubiera caído. Llegaron los músicos, los periodistas, los mirones. El mundo entero se fijó en nosotros y de todas partes llegaron las alabanzas. Éramos valientes, teníamos ñeque.

Cayeron los que queríamos que cayeran.

Por un breve tiempo resignificamos a Fuenteovejuna en casi todos los parques del país.

¿Y ahora dónde estamos? ¿Metidos entre qué faldas? ¿Bajo qué mesas? ¿Disfrazados de qué? ¿Viendo hacia dónde cada vez que nos enteramos de cómo el señor Pérez Molina y sus infames abogados entrampan la justicia?

¿Silbando qué babosadas cuando leemos en un diario que los sinvergüenzas de TCQ han comenzado a hacer que ruede de nuevo la rueda, bajo la mirada ausente de la Procuradora General de la Nación?

¿Ha sido ella la que nos ha enseñado la melodía que entonamos viendo caminar a las hormigas –vergüenza de levantar la cara, imagino–?  Y la menciono porque es a ella a quien  se le han perdido los papeles que otorgaron las frecuencias de los cuatro canales de la televisión abierta, concedidos al Ángel de la Democracia, tan valiente él, que las puso a nombre de su mujer, quien  –dicen, pero no me consta– es ahora perseguida por la Interpol.  Y es ella, la Procuradora, quien dirige su vista hacia el ocaso cuando le piden opinión en el caso de TCQ…

Desde ese hotel de lujo que se llama Mariscal Zavala –todos lo sabemos pero nos hacemos las bestias– es de donde salen las instrucciones para que los infames abogados entrampen a la justicia. Para celebrarlo dignamente, Santa Claus Pérez Molina se afeita y ríe a mandíbula batiente en la Corte.

A lo mejor de ese mismo hotel salieron las instrucciones para que en una décima vuelta se eligiera al irreprochable Presidente del Organismo Judicial.

Porque la famosa juntita, (tan famosa como lo fueron en su tiempo los prófugos que –insisto en que no me consta– ahora busca la Interpol a nombre del desgobierno guatemalteco) tiene puesta su atención, por el momento, en que no pasen en el Congreso las reformas a la Constitución en lo que se refiere al sector  justicia.

Y como quien no quiere la cosa en medio de la visita del procónsul estadounidense, –que atrae la atención de los babosos que creen que de verdad, Trump va a mandar a los guatemaltecos a su tierra con toda gentileza– el Ministro de Finanzas anuncia en voz baja que no, que no van a ser 10 millones de quetzales los que van a facturar los ganaderos y compañía dentro del régimen de pequeño contribuyente.  Solo van a ser 2 millones. ¿Qué son dos milloncitos?

Nos tienen baboseados con el cuento de la Alianza para la Prosperidad. Los gringos son especialistas en darle nombre atractivo a sus movidas.

Miramos con envidia pero callamos –¿no somos guatemaltecos, pues?– hacia el Perú, donde el Presidente, mediante un decreto legislativo impone medidas coercitivas para que en su país no vuelvan a surtir efecto los papelitos shucos de Odebrecht.

El hermano y el hijo del Presidente hacen una travesura y se van un mes al hotel de lujo.

Despertando de quién sabe qué pesadilla el Presidente anuncia que sabe que le darán un golpe de Estado.

Sus ministros y todos quienes lo rodean dicen que no, que nadie ha hablado de golpes de Estado. No pasa nada.

El Presidente Municipal, omnipotente a sus propios ojos, se rehúsa a acudir al juzgado donde tiene cita.

Y como hoy es domingo y además, de Carnaval, salimos con antifaces para que nadie nos reconozca, que no recuerde que en 2015  salimos a la calle a reclamar justicia y ahora, gracias a Dios, no tenemos que ir a la plaza con bolsitas de plástico para recoger la basura, porque todo funciona como reloj en este país.

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