Domingo 9 Abril 2017
Domingo

Les presento a mi Señor

Por: César A.García E.

El Señor al que conozco, al que debo lo que soy, quien me ama con ternura, siempre sabe en donde estoy. Es alguien inigualable, es así porque así ha sido, porque no cambia, es eterno… nunca más será abatido. El Señor al que conozco –cuando estuvo en esta tierra– fue buen diente, fue constante, fue cabal y trascendente… fue puntual, benevolente, fue recto, fue diligente, fue sonriente, fue bromista… pero también radical; también franco, también fiel, también sabio y contundente. El Señor que yo conozco, nunca rehuyó a sus deberes, no dejó para después sus difíciles quehaceres… fue certero y eficaz… llegó a tiempo a aquella cita que era fea y tormentosa, porque tuvo a bien morir, por gente gentil y odiosa.

Él quería que supiésemos que siempre estaría allí… no en la cruenta cruz vacía, no sufriente y desangrado, no humillado y ultrajado; tampoco en templos fastuosos, en liturgias enredadas… ni en rituales azarosos. Siempre vivo y tan vigente; siempre amigo, siempre Dios, el único intercesor, el abogado excelente que pagó deudas y fianzas, el único indispensable, lleno de amor y confianza. Que redimió a los perdidos, que nos abraza apestosos, que nos levanta y nos ama… cuando caemos vencidos. Quiso El Señor enseñarnos, su muerte y resurrección… como aquel acto supremo de amor y de convicción. Convencido de salvarnos, convencido fue a la cruz, convencido para darnos un futuro promisorio. Las deudas las pagó Él, las angustias las sufrió, las pobrezas y carencias… Él sin duda las vivió. El juicio fue para Él, el castigo, la maldad, la crueldad, la humillación, la tristeza, la traición, la ambivalencia pasmosa conque cercanos amigos… actuaron en el momento de temor y confusión… es clara confirmación de que ninguno solo Él, podía ser tan constante, tan vertical, amoroso, tan valiente y tan grandioso. (Sugiero leer Isaías 53 relato de su pasión escrito 700 años a. C.)

Su conducta –de varón– ejemplar y tan constante, las leyes de Moisés las sabía y respetaba, pero a diferencia de otros –hipócritas religiosos– El Señor ¡Si las vivía! Ejemplo, ejemplar, ejemplo… de lo que debemos ser; seres íntegros, cabales, compasivos y virtuosos, puntuales y contundentes… decididos coherentes, auténticos, solidarios, amorosos… persistentes. No cándidos religiosos, no sórdidos ritualistas, no ambivalentes vacíos o cínicos optimistas. Sin fundar Él religiones, afirmó –como advertencia– que si decimos amarlo, ello es visible y es real, cuando amamos a los otros… lo demás es accesorio, innecesario y banal.

Que distinto es mi Señor, al que venden –con argucias y codicia desbordada, con falacias retorcidas y entre tantas mascaradas– los mañosos religiosos. Seguirle es fácil y llano, es vivir agradecidos; es siempre reconocer nuestra falibilidad, nuestra vulnerabilidad e infaltable mezquindad; es pedir sabiduría y siempre buscar crecer… en el servicio a los otros, en humildad y entereza, en diligencia y verdad… también en fe, convicción, y en el amor que es acción ¡Piénselo!

comentarios

2 respuestas a “Les presento a mi Señor”

  1. Otto Santizo dice:

    muy buena reflexión, sin embargo Jesús si fundó su Iglesia en Pedro, y cuando usted dice al final mañosos religiosos, se está refiriendo a los mercaderes de la salvación verdad?, a los pastores y autonombrados apostoles de los megatemplos.

  2. Henry Hernandez dice:

    Jesús no tuvo Iglesia, su religión es sencilla amar a Dios y al prójimo, en esto abarca todas las leyes. Las Iglesias son negocios, y en muchos casos catervas desde su génesis en Estambul hasta la fecha, son instituciones muy parecidas al hogar seguro, donde se practica el soborno, el terrorismo y el abuso a menores, señoras.

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