Domingo 27 Noviembre 2016
Domingo

Reseña de “Ixcán: el campesino indígena se levanta”, de Ricardo Falla

Manolo E. Vela Castañeda

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ILUSTRACIÓN JORGE DE LEÓN > EL PERIÓDICO

A las 4:30 de una madrugada sin luz de Luna, el 30 de abril de 1981, en silencio, tirados en el suelo, sin ser descubiertos, a pesar de las luces que desde las torres de vigilancia alumbraban los alrededores, cien guerrilleros esperan la señal para iniciar el ataque al cuartel de Cuarto Pueblo, Quiché. Sin proponérselo, en las siguientes horas, una buena parte de la guerra estaba por definirse en esa pequeña aldea del norte de Guatemala. Los combatientes pertenecían a la Compañía 19 de enero, del Ejército Guerrillero de los Pobres. El primer disparo se hizo a las cinco de la madrugada, y después de más de dos horas de asedio, la compañía se empezó a quedar sin municiones, porque “en la oscuridad no se distinguía bien el cuartel y se dispararon muchas ráfagas sin apuntar” (Falla, 2015: 430). La situación era tal que quienes “avanzaron habían gastado parque sin consideración y cuando se encontraron a pocos metros del cuartel se quedaron sin tiros” (430). Además, “las armas de otros se trabaron” (430); y, las piezas de artillería ligera “…no habían sido probadas, al parecer, porque no dieron el alcance proyectado (481). Al final, heroicos, a pesar de las órdenes y del estado de ánimo del oficial, un pequeño grupo de soldados resistió y, cuando estaban a punto de rendir la guarnición, al escuchar la llegada del apoyo aéreo, decidieron continuar. Y así, sin el armamento que debía haber sido recuperado, la Compañía hubo de poner en marcha el plan de retirada. El saldo: tres bajas, y una gran cantidad de balas gastadas. Le habían ocasionado más de cien bajas al Ejército (441). Pero, ¿qué significaba ese número para este Ejército? Posteriormente, la Compañía iba a ser disuelta y sus unidades dispersadas. No se presentaría –nunca más, en lo inmediato– otro intento por tomar una guarnición del Ejército. Falla, como el lector mismo, se pregunta: “¿Cuál habría sido el próximo paso de la guerrilla y del Ejército, si el combate hubiera sido exitoso?” (562).

A la dispersión de la fuerza militar de la guerrilla se iban a sumar otra serie de factores, los peores, en una fatal combinación:

la certeza de que un triunfo en el corto plazo era posible, “Decían [los responsables] que entre 15 días, dos meses terminamos con la guerra”, “los compañeros empezaron a decir que ya vamos a tomar el poder antes de que salga Lucas [el presidente Fernando R. Lucas]” (478);

el cierre, hacia noviembre de 1981, de los cuarteles en Ixcán, (499), que fue interpretado, por la población y los mandos de la guerrilla, como si aquel territorio fuera “terreno liberado” (562);

el incremento en el número de simpatizantes, que Falla conceptualiza como “organizados” (478), “alzados” y que en otra parte analiza como bases de apoyo y retaguardia; y,

la escasez de armamento en poder de la guerrilla, Falla afirma que uno de sus entrevistados le dijo: “¡Si hubiera habido armas…!” (474); la población reaccionó exigiendo armas, y, al no haberlas o al no llegar a ellos, la organización advertía: “No tenemos armas para regalarlas” (430), la guerrilla no tiene “armas como arroz” (430); y así las críticas por la falta de armamento, señala Falla, fueron disciplinadas “con el cambio de responsables” (430); en otro pasaje, Falla cita los argumentos presentados, en una discusión, por el tema de las armas, entre un grupo de militantes: “Pedimos armas a los compañeros y mochila y algún equipo, carabina, galil… Y si los compañeros no nos quieren dar, entonces no vamos a cumplir la tarea” (424); ante esto, Falla indica, también, que “Algunos parcelistas parece que incluso compraron ese tipo de armas para participar en las FIL [Fuerzas Irregulares Locales]” (430).

Esa mezcla de triunfalismo, que se vio exaltado con la salida del Ejército del Ixcán, más el incremento de simpatizantes desarmados, produjo una simbiosis letal. El ejército guerrillero no había llegado aún a alcanzar la fortaleza cuantitativa, ni cualitativa (mandos experimentados, líderes de unidades), que pudiera hacer frente a encuentros armados prolongados. Y así, con ‘Ixcán: el campesino indígena se levanta’, a todos nos queda un poco más claros algunos de los decisivos porqués que explican cómo una guerrilla, que se halló en medio de una inmensa ola de apoyo popular, fue incapaz de traducir esa adhesión en la construcción de un ejército guerrillero que estuviera en condiciones de liderar una revolución. Al final, ya todos sabemos lo que sucedió, desde noviembre de 1981, con las fuerzas de tarea, las masacres, los desplazados y el genocidio.

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Desde 1978, con ‘Quiché Rebelde’, la obra de Ricardo Falla reúne un conjunto de libros que son fundamentales para conocer la historia de la segunda mitad del siglo XX en Guatemala. En la pluma de Ricardo no hay una obra menor e ‘Ixcán: el campesino indígena se levanta’, representa uno de sus más grandes aportes a esa historia universal de los de abajo, que buscan, por sí mismos, una vida mejor.

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Con algunas variantes, esta reseña fue publicada en el Anuario de Estudios Centroamericanos. Puede verla completa desde este vínculo: http://bit.ly/2fL7CmS o este otro: http://bit.ly/1nSmJPd ‘Ixcán: el campesino indígena se levanta’ está a la venta en Librería Casa del Libro (5a. calle 5-18, zona 1, interior Casa Cervantes).

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‘Ixcán: el campesino indígena se levanta’ es un libro que se destaca entre otros por algunas razones: primero, porque fue escrito entre 1984 y 1985, en medio de los avatares de la guerra, y en esta edición, el texto original no fue revisado, sino que en pies de página se incorporaron las reflexiones del autor. Segundo, porque fue el resultado de la estancia de Ricardo Falla –durante 1983 y 1984– en las Comunidades de Población en Resistencia del Ixcán y en los campamentos de refugiados en Chiapas, México, en esa condición de guía espiritual, colaborador de la guerrilla y antropólogo. La narrativa es producto de una mezcla de fuentes orales, entrevistas con militantes, gente de las comunidades y fuentes de archivo. El libro arranca con un relato inédito acerca de la forma en que el Ixcán, esa región remota de Guatemala, se fue poblando por campesinos de varias regiones de Guatemala, con la esperanza de arrancarle a la espesa selva un pedazo de tierra donde sembrar y establecer a su familia (capítulos del uno al cuatro). Hay aquí un cuadro en el que se analizan las dinámicas económicas, las estrategias de comercialización, las formas organizativas –en cooperativas– que adopta el campesinado y el papel de la religión. Posteriormente, el relato cuenta la implantación de la guerrilla en aquella zona (capítulos del cinco al ocho), en una narrativa que va de la implantación, a la preinsurrección, pasando por la propaganda armada, las ocupaciones armadas, la generalización de la guerra de guerrillas y el repliegue del Ejército. Los “soportes teóricos” del estudio, presentados en la introducción, son desarrollados en el capítulo de “Conclusiones finales”, en un apartado intitulado “Comprobación de las hipótesis” (Falla, 2015). Esta constituye una parte fundamental del estudio, donde están concentradas una serie de formulaciones que llevan la narrativa más allá de la “descripción densa” y que conforman un texto que deja muchas vetas de investigación abiertas. Aquí se trabajan temas, tales como: la “crisis de articulación” (entre la economía campesina y el capitalismo), el “campesino más revolucionario”, los “frenos del campesinado”, los “resortes organizativos”, tanto internos, como externos, de la comunidad; las “tendencias milenaristas” y las “estrategias revolucionarias”.

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comentarios

5 respuestas a “Reseña de “Ixcán: el campesino indígena se levanta”, de Ricardo Falla”

  1. Jorge Aguilar dice:

    No he leído el libro, pero por lo que escribe me parece exagerado e irreal, el padre Falla es un escritor que cree tener la verdad pero sus análisis son parcializados como el fue actor de la parte subversiva siempre narra a su conveniencia, aprovechándose del la situación social, es uno de los primeros en iniciar a promover la tesis del genocidio, siempre sirviendo a sus intereses ya que en 1982 presento su denuncia para que el Ejercito de Guatemala y el Estado fueran sancionados, como indique al inicio es un gran narrador pero exagera mucho y cambia la realidad a su conveniencia.

  2. Ribogerto Cac Tiú dice:

    Para los que hemos vivido en el Ixcán desde escenarios totalmente ajenos a la domesticación religiosa que hace la Iglesia Católica, o de la alienación irracional de las iglesias evangélicas, la población rural de la región está convencida que las razones tanto de la guerrilla como de los “chipilines” (ejército) no eran las mejores. Ahora tenemos evidencia saturada de que sus intereses eran sectoriales y no a favor de la gente. Ixcán es ahora un territorio víctima de toda clase de crimen organizado. El gobierno lo tiene abandonado y a nadie le importa si se vive, se celebra, se llora o se muere… Ricardo Falla tuvo su momento..Ahora a casi nadie de Ixcán le importa mucho.

  3. Nery Alfonso Florian Peñate dice:

    Jorge Aguilar no sabe nada de lo que pasó en Ixcan, el padre Falla te narra la verdad de lo que sucedió, él estuvo allí, lo vivió.

  4. alfonso villacorta dice:

    como que es modalidad el copy and paste, como aquél con galeano ahora este “académico” con ricardo falla, cuando lo que se necesita es análisis no retranscripciones confrontativas. por lo que narra el religioso, la comandancia como que se robó el dinero de las municiones y armamento en general y además no hubo unos días antes, un reconocimiento del área para saber que no se miraba nada, ni había puntos de referencia para saber a dónde disparar, porque lo más seguro es que esa comandancia estaba dirigiendo el operativo desde un hotel de cinco estrellas en otro país, con subalternos recibiendo órdenes apostados en algun bar cubano y otros en territorio chapin, pero en alguna casa de seguridad de la zona 15 con noruegas y suecas que no dejaban pensar en el operativo

  5. chino morales dice:

    Awi es, un operativo tan mediocre y falto de experiencia y asi querian ganar la guerra, lo mas triste fueron las vidas perdidas por falta de organizacion, experiencia, control, conocimiento, reconocimiento y aparte de eso escaces de armamento y guerrilleros inexpertos disparando sin direccion, sin conocimiento, sin rumbo. Todo esto suena como a “ESTUPIDO FRACAZO”. Donde chingados consiguen a estos Imbeciles para planear estas operaciones?. Todo esto suena como a Guerrilla Guatemalteca!. Paren de estar suspirando por esa causa perdida que nunca pudieron alcanzar y cuando la alcanzaron lo unico que hicieron fue “ROBARLE AL MAS NECESITADO, EL PUEBLO” (el hanano de Colon y la ladrona de Sandra, criminales profesionales.)

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