Martes 7 Marzo 2017
Cartas

Pena de muerte, ¿por qué no?


Fernando Brolo Fumagalli / DPI 1705 66099 0101

En Guatemala, la vida ya no es importante, especialmente, si se trata de personas responsables y trabajadoras. Aquí hay que ser un maldito vándalo para sobrevivir, y lo más lamentable, con la complicidad de los nefastos “derechos” humanos. Los que aún estamos vivos, tenemos que meditar sobre la calidad de vida que deseamos, así como de las cuestionadas autoridades que velaran por nuestra seguridad y tranquilidad.

Estos nuevos actos criminales y cobardes sucedidos recientemente en diferentes lugares del territorio nacional, y contra víctimas inocentes, desvisten una vez más, la realidad del país. Es el calvario de todos los días en un sistema fallido en el que solo los repudiables e inútiles funcionarios públicos de turno, y alineados, se salvan. Estamos sometidos todos los días a tanta injusticia y corrupción, que ya nos han acostumbrado a convivir entre tantos hechos sanguinarios.

Lo anterior demuestra, una vez más, que las autoridades de turno son ineficientes, y seguramente, muchas veces, cómplices de este tipo de trágicos sucesos, para mantenernos aterrorizados. La podredumbre es tal, a todo nivel, que en nuestro país el más fuerte es quien resulta con ventajas, y privilegios. Los criminales están desatados, y por todos lados nos perjudican.

Imperativo aplicar la pena de muerte contra esta escoria de individuos, quienes, sin preguntarnos, ya nos la aplican salvajemente a nosotros. Es la única medida extrema que por el momento podría minimizar tanto crimen, y permitirnos andar por las calles sin tanto terror, dudando si regresaremos a nuestros hogares.

Y esta pena de muerte también aplicarla contra tanto corrupto descarado que se enriquece a nuestras costas: responsables de tantos fallecidos en los hospitales de la red nacional por falta de medicamentos y/o equipos, de tanta ignorancia por la mafia que impera en el sector educación, de la pésima condición de las carreteras de todo el país, líderes sindicales, por ejemplo.

Este cáncer de la criminalidad es motivado por los repudiables “derechos” humanos, quienes se han caracterizado por defender a la escoria social que nos mantiene de rodillas. Sabemos que es un grupúsculo de parásitos que lo mantienen como un negocio muy lucrativo, para satisfacer sus caprichos personales que no logran obtener, por la vía normal. Sería interesante que estos malnacidos se hicieran cargo directamente de los asesinos, y se los llevaran a convivir con ellos, en sus casas, con sus familias. Después, que nos comenten ¡cómo les fue!

“El que nada debe, nada teme”. Ahora más que nunca, en el Ejecutivo, en el Congreso, en el “poder” Judicial, ya es hora que se amarren bien los pantalones, y autoricen como emergencia nacional, para protección de un pueblo que los mantiene, y tolera: “¡la pena de muerte!”.

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